POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 176

Sectarismo y yihad en el conflicto sirio

IGNACIO ÁLVAREZ-OSSORIO
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Si el objetivo de Bachar el Asad era radicalizar la revolución de 2011 en Siria, el de los salafistas era convertirla en una yihad. El resultado de ambas estrategias, respaldadas cada una por Irán y Arabia Saudí, ha sido la expansión del sectarismo en Oriente Próximo.

Seis años después del inicio de la revolución, Siria se encuentra al borde del abismo. La devastación del país desde 2011 ha provocado la mayor catástrofe humanitaria que se recuerda en Oriente Próximo desde el final de la Segunda Guerra mundial. Las cifras hablan por sí solas: cerca de 500.000 muertos, más de cinco millones de refugiados y otros siete millones de desplazados internos es el trágico balance de una guerra multidimensional en la que la intervención de las potencias regionales e internacionales ha contribuido decisivamente al agravamiento de un conflicto cuyo final no se vislumbra en el corto plazo.

La contienda no solo se libra en el terreno de batalla, sino también en el de las narrativas. Mientras que los cientos de miles de personas que tomaron las calles en demanda de reformas y libertades a partir de marzo de 2011 la definieron como una “revolución popular”, el presidente Bachar el Asad no dudó en catalogarlas como parte de una “conspiración internacional” destinada a provocar una “guerra sectaria”. Por su parte, los grupos de orientación salafista, que gradualmente fueron ganando terreno hasta acabar secuestrando en buena medida la revuelta, la consideraron una yihad para liberar la tierra del islam de las manos de un gobierno apóstata, en referencia a la adscripción alauí del presidente sirio.

Irán y Arabia Saudí, las dos principales potencias regionales, no son ajenas a la dramática evolución de la crisis siria, puesto que ambos han intervenido activamente apoyando y armando a los bandos en liza, un respaldo que les…

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