POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 184

Un comercio global más eficiente, legítimo y justo

ARANCHA GONZÁLEZ
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El comercio, como manifestación visible de la globalización, es el pararrayos del descontento público. Europa puede liderar una reforma colectiva y flexible de la gobernanza comercial.

En las últimas cuatro décadas, el poder en el orden económico global ha sufrido un vuelco. En 1980, Estados Unidos y Europa Occidental eran responsables de la mitad de la producción mundial, mientras China e India representaban tan solo el 5%. El Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé que, en 2021, las economías china e india, con un 28% de la producción mundial, superarán la proporción de EEUU y Europa Occidental.

Era de esperar que cambios de esta magnitud en un lapso tan corto de tiempo causaran inevitables tensiones políticas. Los gobiernos y los votantes de los países acostumbrados a la supremacía se ven obligados a compartir el escenario global. Mientras tanto, en los países emergentes, el reto es tanto mantener tasas de crecimiento que ayuden a la reducción de la pobreza a nivel nacional, como lograr una mayor participación a nivel internacional sin provocar una reacción desmesurada por parte de las economías avanzadas, las cuales siguen siendo mercados y fuentes de tecnología e inversión de vital importancia.

Algunas de las causas fundamentales de las tensiones actuales entre EEUU, China y la Unión Europea han sido, por tanto, difíciles de evitar. Más aún, sortearlas hubiera sido inapropiado: ello habría conllevado la prolongación de la pobreza a cientos de millones de personas en China, India y en otros países en vías de desarrollo.

 

Tensiones comerciales que fueron evitables

Sin embargo, algunas de las causas que han originado las tensiones en la globalización económica hubieran podido ser mitigadas. En efecto, muchos líderes políticos y empresariales han logrado sacar provecho de los beneficios de la globalización, pero han hecho muy poco para preparar a los electores para…

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