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La triple dimensión del conflicto sirio

IGNACIO ÁLVAREZ-OSSORIO
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Si algo ha dejado claro el primer lustro de guerra es que ninguna de las partes dispone de la capacidad suficiente para imponerse. La progresiva balcanización de Siria, dividida entre el régimen, los rebeldes, los yihadistas y los kurdos, exige la implicación activa de la comunidad internacional.

Cinco años después de su inicio, la guerra en Siria está fuera de control. La multiplicidad de actores implicados en su desarrollo y la diversidad de intereses que defienden han agravado la situación sobre el terreno hasta límites inimaginables. La aproximación a este conflicto, de carácter poliédrico y con múltiples aristas, es compleja, ya que requiere abordar sus tres dimensiones: la doméstica, la regional y la internacional, que interactúan entre sí distorsionándolo y contaminándolo.

Lo que empezó siendo una revuelta antiautoritaria en el marco de la denominada primavera árabe se transformó pronto en una confrontación civil entre un régimen que apostó todas sus cartas a la denominada solución militar y los diversos grupos rebeldes, incapaces de formar un frente común para luchar contra un rival más poderoso en una guerra asimétrica. La indiferencia occidental ante el descenso a los infiernos de Siria abrió el camino a las potencias regionales –Irán, Arabia Saudí, Turquía y Catar– que entraron en escena apoyando los diversos bandos de la contienda. Tras la irrupción del autodenominado Estado Islámico (Daesh, en sus siglas en árabe) se pasó de la fase de regionalización a la de internacionalización con la intervención de Estados Unidos y Rusia. El primero al frente de una coalición internacional que, a partir del verano de 2014, intentó frenar el avance de los yihadistas en Irak y Siria. El segundo que, en otoño de 2015, acudió en defensa de un régimen sirio al borde del colapso.

El resultado de esta guerra multidimensional es bien conocido: la mayor…

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