Polonia, después de un período de privaciones violentas y dolorosas para una gran parte de la sociedad, presenta síntomas de crecimiento económico. Actualmente se encuentra en la vanguardia de los países de Europa central que han emprendido el camino del desarrollo. Las previsiones expresadas por las instituciones financieras internacionales hacen que Polonia vuelva a ser atractiva para el capital extranjero. Los crecientes ingresos de la población –aunque ese crecimiento sea aún lento– abren las posibilidades de animar la demanda de los productos agroalimenticios. Sus casi cuarenta millones de consumidores constituyen un atractivo mercado para los socios extranjeros, incluidos los países de la Unión Europea (UE).
Integrar a Polonia en la UE en calidad de miembro de pleno derecho es un objetivo estratégico y de máxima prioridad para la política exterior y económica polaca, desde que el gobierno presentara una solicitud formal de adhesión en la primavera del año pasado.
En numerosos planos –político, económico y social– se desarrollan actividades que tienen por objeto elaborar una óptima estrategia de integración, la cual no puede efectuarse sin tener en cuenta los problemas de la agricultura, la economía alimenticia y el campo polacos. De las experiencias de los países de la UE se ha aprendido que la solución a los problemas clave de la integración depende en gran medida de la agricultura.
La futura adhesión de Polonia a la UE, confirmada en la cumbre de Copenhague en junio de 1993, crea nuevos condicionamientos relacionados con el desarrollo de la agricultura. Se perciben grandes posibilidades y amenazas para este sector. Entre las primeras figuran:
– El acceso al rico mercado europeo.
– Las posibilidades de crecimiento de exportaciones de productos agrícolas y, por otra parte, una ventajosa importación de bienes modernos, sobre todo para el progreso biológico y técnico en el campo, así…

