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Un joven llora durante una manifestación de apoyo a Ucrania en Tbilisi, Georgia, el 4 de marzo de 2022. DARO SULAKAURI. GETTY

Por qué Georgia merece ingresar en la UE

La firme voluntad del pueblo georgiano, su activa sociedad civil y su dinámica oposición podrían garantizar que el gobierno actual –y los que le sigan– se tome realmente en serio la futura adhesión y los compromisos aparejados a ella.
Tinatin Akhvlediani
 |  15 de marzo de 2022

Georgia ha solicitado oficialmente la adhesión a la Unión Europea. Considerado en su día como uno de los principales candidatos dentro la vecindad oriental de la UE, en los últimos años el país ha experimentado un retroceso democrático que pone en duda su preparación para la adhesión. Sin embargo, dado el largo y tortuoso camino que Georgia ha recorrido para llegar a este punto, conceder la adhesión es la única respuesta racional y moral por parte de la UE, teniendo en cuenta el cambio geopolítico que vive la región desde que comenzó la invasión rusa de Ucrania.

Georgia siempre ha hablado mucho de sus ambiciones y aspiraciones de integración europea. Dada la historia del país, su religión, su cultura y sus valores europeos clave estrechamente vinculados a griegos y romanos, el anterior gobierno de Mijeíl Saakashvili llegó a acuñar el término “reintegración” para referirse al camino de vuelta de Georgia a la familia europea. Dejando a un lado la historia, desde la Revolución de las Rosas de 2003 el país ha llevado a cabo impresionantes reformas para reforzar la gobernanza, frenar la corrupción y liberalizar de manera drástica sus políticas económicas y comerciales. Sin embargo, al despejar la vía europea, el país se vio invadido por Rusia en 2008.

La guerra desencadenó el lanzamiento de la Asociación Oriental de la UE en 2009, seguido de la firma de un Acuerdo de Asociación y una Zona de Libre Comercio de Alcance Amplio y Profunda (ZLCAP) en 2014. Desde 2017, Georgia también se beneficia de la exención de visado con la UE. El país ha aprovechado todas estas oportunidades para realizar avances significativos en la aplicación del Acuerdo de Asociación y de la ZLCAP, siendo considerada en varias ocasiones como vanguardia, historia de éxito general y referente de la política de la UE en materia de Asociación Oriental. Según los últimos datos, Georgia obtiene una puntuación superior a la de los demás Estados asociados e incluso a la de los posibles países candidatos en términos de gobernanza económica y política.

 

«En varias ocasiones Georgia ha sido considerada referente de la política de la UE en materia de Asociación Oriental»

 

Sin embargo, las elecciones presidenciales de 2018 marcaron un punto de inflexión en las reformas democráticas de Georgia. Desde entonces, las autoridades georgianas no han cesado de ampliar su currículo en materia de “justicia selectiva”, “corrupción de las élites” y gobierno informal. Además, el país se enfrenta a una gran tensión política desde las elecciones parlamentarias de 2020. En estos momentos turbulentos, el compromiso de la UE con Georgia ha sido absolutamente crucial.

Gracias a los esfuerzos del presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, Georgia tiene hoy un Parlamento funcional. Michel logró esta “misión imposible” al reunir al partido gobernante Sueño Georgiano y a una oposición que llevaba varios meses boicoteando el Parlamento. Finalmente, Sueño Georgiano renegó del acuerdo de Michel y luego rechazó el segundo tramo de la ayuda macrofinanciera de la UE, debido a las condiciones relacionadas con las reformas del Estado de Derecho.

Así pues, la solicitud de adhesión de Georgia a la UE, por un lado, viene precedida de la rotunda historia de éxito en la aplicación del exigente Acuerdo de Asociación y de la igualmente exigente ZLCAP. Una historia a la que siguen, por otro lado, los recientes retrocesos democráticos. En términos de la UE, el primer plato cumple las condiciones económicas y administrativas de los “criterios de Copenhague”, un requisito previo para la adhesión a la UE, mientras que el segundo plato no es nada prometedor en cuanto al cumplimiento de los estrictos criterios políticos.

 

«Los georgianos llevan cinco años saliendo a la calle para protestar contra el retroceso democrático del país»

 

A la hora de juzgar los compromisos de Georgia con la democracia y los valores fundamentales de la UE, hay que hacer una importante distinción: una distinción entre el gobierno actual y la voluntad del pueblo georgiano. Un pueblo que pagó valientemente el precio de su elección europea en 2008, cuando Rusia atacó el país, y un pueblo que lleva cinco años saliendo a la calle para protestar contra el retroceso democrático del país.

Cuando el presidente ruso, Vladímir Putin, lanzó la invasión a gran escala de Ucrania, el primer ministro georgiano, Irakli Garibashvili, hizo, por desgracia, algunos comentarios controvertidos, pero la magnitud de las manifestaciones proucranianas en Tiflis fue noticia en todo el mundo. Como señaló el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, “hay veces en las que los ciudadanos no son el gobierno, sino que son mejores que el gobierno”.

Sueño Georgiano no tenía previsto presentar una solicitud formal de adhesión a la UE, pero, dada la presión pública, al final no tuvo muchas opciones. El compromiso de la sociedad civil y la unidad de la oposición fueron factores clave para modificar las intenciones del partido gobernante. Además, la presidenta del país, Salome Zourabichvili, ha dado un gran ejemplo al defender las aspiraciones europeas de Georgia tanto en Bruselas como en París.

 

«Sueño Georgiano no tenía previsto presentar una solicitud formal de adhesión a la UE, pero, dada la presión pública, al final no tuvo muchas opciones»

 

Georgia no ha llegado a la puerta de la UE con las manos vacías. Ha llegado con un billete pagado con sangre gracias a la elección europea que tanto disgustó a Putin en 2008. Ha llegado con una verdadera historia de éxito gracias a la aplicación del Acuerdo de Asociación. Y por encima de todo, el pueblo georgiano quiere ser acogido en la UE y no ha renunciado al sueño de un futuro europeo. Por tanto, la UE le debe al pueblo georgiano acogerlo con los brazos abiertos.

En última instancia, la posible adhesión a la UE lleva aparejados compromisos y responsabilidades a largo plazo. Al conceder el estatus de candidato a Georgia, la UE podría presionar con facilidad al gobierno actual para que volviese por el buen camino y restaurar la reputación democrática de Georgia.

La firme voluntad del pueblo georgiano, su activa sociedad civil y su dinámica oposición, así como la promoción por parte de su presidenta de las aspiraciones euroatlánticas de Georgia, podrían garantizar que el gobierno actual –y los que le sigan– se tome realmente en serio la futura adhesión y los compromisos aparejados a ella.

Artículo publicado originalmente en inglés en la web de CEPS.

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