Hace cuarenta años, la adhesión de España a las Comunidades Europeas no fue solo un hito diplomático o un regreso simbólico a la familia europea. Fue una elección estratégica económica, política y social que ancló el futuro del país a un proyecto compartido de integración, apertura y convergencia. En el centro de esa elección se encontraba el mercado único. Más que cualquier política individual, instrumento de financiación o reforma institucional, el mercado único ha sido el motor más potente de la prosperidad, la cohesión y la estabilidad de la Unión Europea. Ha sido, y sigue siendo, el mayor activo de Europa y una de las ventajas más decisivas de España.
Esta experiencia histórica también explica por qué el apoyo público al proyecto económico europeo sigue siendo hoy en día notablemente fuerte. Más de ocho de cada diez europeos están de acuerdo en que la Unión Europea debe reforzar su independencia económica y diversificar sus relaciones comerciales con países de todo el mundo, con un apoyo que alcanza el 83% a nivel de la UE y el 82% en España. No se trata de una preferencia abstracta, sino del reflejo de la experiencia vivida. Cerca de tres cuartas partes de los ciudadanos de la UE consideran que su país se ha beneficiado de la pertenencia a la UE (74%), mientras que en España esta convicción alcanza el 80%. Estas cifras ponen de relieve una verdad simple: la integración europea, y el mercado único en su núcleo, se perciben ampliamente como una fuente de ventajas concretas, y no como una construcción institucional lejana.
Lo que el mercado único ha aportado a España
Para España, el mercado único ha supuesto una ampliación en el sentido más concreto. Ha permitido a las empresas españolas crecer más allá de las fronteras nacionales,…
