La historia de España como Estado miembro de las Comunidades Europeas /Unión Europea se puede dividir en tres etapas, marcadas por las prioridades económicas del momento. En todas ellas, España ha dependido del apoyo financiero europeo en mayor o menor medida.
La primera, desde nuestro ingreso hasta la gran ampliación, estuvo centrada en la búsqueda de la convergencia económica con la media europea. La integración de nuestra economía en la europea requirió acelerar los procesos de reforma estructural, como la reconversión industrial o la liberalización de sectores clave como la energía o las telecomunicaciones.
La caída del muro de Berlín y la entrada en vigor del euro fueron los dos grandes acontecimientos en aquellos años de incesante actividad constituyente en las Comunidades Europeas, que culminó con la entrada de diez nuevos Estados miembros en 2004. Los gobiernos de Felipe González y José María Aznar coincidieron en poner en valor el apoyo político de España al proceso de reunificación continental y de integración política para mejorar nuestra posición en la negociación presupuestaria e institucional.
La segunda, muy condicionada por las consecuencias de la incompleta ejecución de la Unión Económica y Monetaria y la crisis financiera mundial, es una etapa de fuerte carácter defensivo a partir de 2008.
España y las etapas
España se enfrenta a sus vulnerabilidades económicas y políticas que culminan en la crisis catalana de 2017. Se suceden situaciones límite que nos apartan de cualquier aspiración de liderazgo por las urgencias del momento. Los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy conviven con la profunda crisis existencial de la Unión Europea. El primero cuenta con una fase inicial de aparente bonanza de la que deberíamos haber aprendido. Rajoy no puede ejercer su papel en Europa con normalidad, condicionado por la torpe respuesta europea a…
