Según la conocida frase que se atribuye a Marx, la historia ocurre dos veces: primero como tragedia, y luego, como farsa. Podríamos encontrarnos ante una repetición de la historia en el ámbito de la proliferación nuclear. Pero no parece farsa, sino una inquietante realidad: el miedo a la bomba atómica cede ante el miedo a la inferioridad estratégica. Y ese es el motor de la proliferación.

The Nuclear Age: An Epic Race for Arms, Power and Survival
Serhii Plokhy
Allen Lane, 2025
432 págs.
La constante del miedo aparece perfectamente definida en este lúcido ensayo de Serhii Plokhy, historiador ucraniano afincado en Estados Unidos y profesor en la Universidad de Harvard. Arranca con los primeros experimentos en torno a la fisión del átomo –en los albores del siglo XX– y va hasta la nueva multipolaridad, pasando por el proyecto Manhattan, Hiroshima y Nagasaki, los Átomos para la Paz, el OIEA, la crisis de los misiles, el Tratado de No Proliferación (TNP), los acuerdos de desarme Unión Soviética/Estados Unidos, la implosión del bloque soviético y las negociaciones del Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC) con Irán.
Describe cada etapa con rigor de historiador y con ritmo de buen novelista, y el fruto se parece a una novela coral de la Guerra Fría, donde líderes políticos, diplomáticos, militares y científicos se reúnen, dialogan, se persuaden o se engañan, en una coreografía presidida por el único factor común que –insistimos– se repite una y otra vez: el miedo. El miedo a la inferioridad estratégica como detonante de la reacción en cadena de la proliferación nuclear.
«Plokhy describe cada etapa con rigor de historiador y con ritmo de buen novelista. El fruto se parece a una novela coral de la Guerra Fría»
No parece casual, dado el origen ucraniano del autor, el énfasis en un episodio histórico de enorme actualidad: la retrocesión de las armas nucleares de Ucrania a Rusia, las garantías de seguridad ofrecidas a Kiev en el memorando de Budapest y su posterior violación por parte de Moscú.
Plokhy alude a tres categorías de Estados: la de los sprinters, que se hicieron con la bomba durante la posguerra mundial llevados por el miedo a quedar rezagados (la Unión Soviética, Reino Unido, Francia, China); la de los que buscaron la supervivencia al amparo tecnológico (sheltered pursuit) de algún “patrón nuclear” (Corea del Norte); y la de los hiders, que desarrollaron la bomba en secreto, como Sudáfrica.
Menciona aún una cuarta categoría: los hedgers o “Estados umbral”, que renunciaron a tener la bomba –por una opción consciente, de orden político o estratégico– a pesar de contar con tecnología para fabricarla.
Plokhy, al hablar de presente y futuro, alude a una hipótesis sombría: la de un marco geopolítico cada vez más tensionado donde los límites se traspasan, ceden los anclajes normativos de la no proliferación, y algunos de estos “Estados umbral” optan por dar el paso –difícilmente reversible– hacia el pleno desarrollo del arma nuclear. De verificarse este escenario, la lógica de la disuasión –fundada sobre la existencia de un número limitado de actores– pasaría a ser papel mojado.
Para impedir que esta hipótesis se cumpla y devolver, de paso, el crédito perdido al régimen de no proliferación, Plokhy aboga por un único camino: recuperar la confianza y regresar a la mesa de negociaciones. Es otro modo de recordar el necesario compromiso de los “Estados poseedores” con el desarme nuclear, de acuerdo con el artículo VI del TNP; un pilar imprescindible para sostener una arquitectura de acuerdos que ha evitado una proliferación desbocada a costa de instituir una cuestionada asimetría entre el reducido “club del arma nuclear” y el resto del mundo.
La no proliferación parece harto improbable, al menos a corto plazo. Los recientes documentos de estrategia auspician la modernización de arsenales, en un contexto de avances disruptivos, como la tecnología hipersónica, y la posible injerencia –aun no suficientemente calibrada– de la inteligencia artificial. El panorama tiene muchas más sombras que luces. Es una lectura útil para entender claves y antecedentes: la historia nuclear puede repetirse, y no como farsa.

