Editorial: Tusquets Editores S.A.
Fecha: 1994
Páginas: 984

La problemática identidad de China en el mundo

Este libro, con origen en los cursos de Jonathan D. Spence en Yale, es quizá el más influyente en los estudios recientes sobre China porque, gracias a su gran difusión, ha contribuido a entender su evolución.
Enrique Fanjul
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Cuando desde Política Exterior me plantearon escribir una reseña de un libro “clásico” sobre China, me surgieron dudas. China ha atraído una gran atención y ha generado una amplia lista de académicos de calidad que la han estudiado desde diferentes perspectivas. No era fácil la elección del libro. Pero me decanté por el de Jonathan D. Spence, The Search for Modern China.

Spence (1936-2021) realiza un amplio repaso de la historia de China, desde las postrimerías de la dinastía Ming a principios del siglo XVII, hasta prácticamente nuestros días. Esa perspectiva permite al autor comprender y explicar a los lectores cómo es la China de nuestros días. En el prefacio de la primera edición de su libro (publicado en 1990) decía: “No hay una manera fácil de entender China, del mismo modo que no hay una manera fácil de entender ninguna cultura, ni siquiera de entendernos a nosotros mismos. Pero merece la pena intentarlo, porque la historia de China es asombrosa y tiene mucho que enseñarnos. La tesis de este libro es que, para intentar comprender la China actual, necesitamos conocer la China del pasado”.  Como se escribió en la reseña de la primera edición del libro publicada por The New York Times en 1990, “el tema central es la problemática búsqueda de identidad de China en el mundo moderno”.

 

«El libro defiende que, para intentar comprender la China actual, necesitamos conocer la China del pasado»

 

El porqué es necesario comprender China no requiere muchas justificaciones. Ahí está el tamaño de su población, su papel dominante en la economía y el progreso tecnológico del mundo durante muchos siglos (China inventó la pólvora, la imprenta, la brújula…) y las turbulencias y crisis que conoció desde el siglo XIX. Posteriormente, la restauración de la soberanía nacional con la fundación de la República Popular China en 1949, su ascenso económico a partir de la adopción de la política de reforma en 1978, su transformación actual en una de las dos grandes potencias económicas y tecnológicas del mundo, y como consecuencia, su creciente influencia internacional, son factores que explican sobradamente la creciente importancia de los estudios chinos.

El foco de los estudios chinos ha ido cambiando con el paso del tiempo. En una primera época, a partir del siglo XVII, el énfasis estaba sobre todo en el estudio de la lengua, la filosofía (el confucianismo), los textos clásicos. A partir de la fundación de la República Popular, el foco se amplió de forma considerable. La relación y la participación de China en la escena internacional, las cuestiones sociales, políticas y económicas, ampliaron el alcance de los estudios. Y en este proceso Spence ha desempeñado un papel clave.

Nacido en Inglaterra, Spence estudió historia en Cambridge (en esta época fue coeditor de la revista literaria Granta). Después se trasladaría a la Universidad de Yale a estudiar historia de China. Allí desarrolló su carrera académica durante varias décadas, centrado en China, sobre la que publicó más de una docena de libros. Entre ellos, el más importante ha sido sin duda The Search for Modern China, publicado poco después de los sucesos de Tiananmen. Hizo también otras dos ediciones revisadas y actualizadas del libro, la última en 2013.

 

«Escrito de manera didáctica y ágil, ha servido para que muchos lectores se hayan aproximado a la compleja realidad china»

 

Spence analiza en más de 900 páginas la evolución de China en los últimos siglos: el declive de la dinastía Ming, el establecimiento de la siguiente dinastía Qing, las guerras del opio y los tratados desiguales, la revolución de 1911 que terminó con la etapa imperial, la guerra contra Japón, las reformas de la República Popular fundada por Mao, el cambio radical de rumbo que se produjo con Deng Xiaoping –que desencadenó la mayor revolución económica de la historia de la humanidad ya que nunca antes tanta población había experimentado un cambio tan intenso en sus condiciones económicas de vida y en un periodo de tiempo tan corto–, la crisis de Tiananmen…

El libro de Spence ha tenido un gran éxito editorial, y ha servido para que muchos lectores se hayan aproximado al conocimiento de la compleja realidad china. A ello contribuyó que está escrito de una manera didáctica y ágil, con numerosos mapas e ilustraciones.

La obra de Spence (la tercera edición) termina con la primera década del siglo XXI (falleció en 2021). Se queda pues a las puertas de la nueva etapa de la República Popular China, la de Xi Jinping, iniciada con su ascenso a la cúspide del poder en 2012, y que ha sucedido a las dos etapas anteriores. De una manera un tanto simplificada podemos decir que han sido la etapa maoísta y la etapa de la reforma que Deng Xiaoping impulsó desde 1978.

 

«La búsqueda de su identidad en el mundo tiene plena vigencia, y plantea un reto apasionante para los actuales estudiosos de China»

 

La etapa maoísta, entre 1949 y 1977, estuvo marcada por el sello de Mao Tse-tung. En ella se sentaron y desarrollaron las bases de la República Popular. Por otra parte, se registraron grandes convulsiones políticas y económicas. Existe en esta etapa un lado oscuro: las purgas y ejecuciones masivas, las campañas políticas y sociales, como el Gran Salto Adelante de finales de los años cincuenta, que provocó una gran hambruna y millones de muertes, o la Revolución Cultural, que trastornó gravemente el país y dio lugar a la persecución y la muerte violenta de cientos de miles de personas.

La etapa de la reforma comienza a partir de 1978. Está marcada por el sello de Deng Xiaoping, que promovió un cambio radical de orientación, convirtiendo la modernización de la economía y la apertura al exterior en los objetivos prioritarios (frente al énfasis que Mao otorgó a la “lucha de clases”, las campañas políticas).

Deng promovió un ejercicio más colectivo del poder político. Anteriormente el poder había tenido un carácter personalista muy acusado, centrado en la figura de Mao. Deng Xiaoping puso en marcha un sistema de relevo en los puestos clave del Partido y el Estado: los dirigentes iban cambiando cada cierto tiempo, de acuerdo con unos plazos establecidos y conocidos de antemano.