Desde el 28 de febrero, el cierre del estrecho de Ormuz ha bloqueado aproximadamente una quinta parte del comercio mundial de petróleo y gas natural licuado (GNL). QatarEnergy declaró fuerza mayor en los envíos de GNL, lo que provocó un nuevo repunte de los precios del gas en Asia y Europa.
El índice TTF neerlandés subió entre un 70 % y un 100 %, pasando de alrededor de 30 €/MWh a 50–60 €/MWh. Esto probablemente refleja las expectativas del mercado de que la guerra terminará pronto. Asimismo, el mercado entró en esta crisis en condiciones relativamente favorables. Sin embargo, si los volúmenes cataríes permanecen fuera del mercado durante más tiempo, los mercados podrían empezar rápidamente a incorporar la incertidumbre política y una oferta más ajustada.
La flexibilidad del GNL puede volverse en contra
Los analistas llevaban tiempo anticipando un exceso de oferta de gas, ya que se esperaba que nuevas capacidades de licuefacción entrasen en funcionamiento a partir de 2026. Los retrasos han endurecido las perspectivas. Pero la retirada repentina de aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de GNL implica que no hay sustitutos inmediatos: las terminales estadounidenses recientemente inauguradas y el próximo tren 1 de Golden Pass LNG no cubrirán el déficit. Incluso si el estrecho reabre pronto, la producción catarí no puede reanudarse de un día para otro.
Asia será la región más afectada, ya que Catar es un proveedor clave de GNL para China, India, Japón, Corea del Sur y, especialmente, Bangladesh y Pakistán. Incluso con una elevada proporción de contratos a largo plazo que proporcionan cierta protección a los compradores asiáticos, sustituir los volúmenes cataríes en el mercado spot resulta extremadamente costoso: un solo cargamento redirigido puede añadir 45 millones de dólares.
La exposición directa de Europa es menor –alrededor del 8 % de sus importaciones–, pero su exposición a los precios es mucho más sensible. Europa afronta la reposición de reservas de verano con inventarios muy por debajo de la media de los últimos cinco años y con una estructura de precios invertida entre verano e invierno.
A diferencia de 2022, cuando la débil demanda asiática (en parte debido a la política de “cero Covid” en China) ayudó a Europa a asegurar más GNL, hoy prácticamente no hay oferta excedentaria, lo que sitúa a Europa y Asia en competencia directa. La próxima prohibición del GNL ruso en el mercado spot a partir de abril de 2026 podría tensar aún más la situación. Los compradores de GNL estadounidense podrían beneficiarse considerablemente de la crisis. Los cargamentos FOB de EEUU ya están siendo redirigidos hacia Asia, pese al fuerte aumento de los costes de transporte y a rutas más largas.
Los compradores asiáticos más ricos podrían superar a Europa en las pujas, mientras que los importadores más vulnerables tendrán que prepararse para el impacto. El cambio hacia el petróleo no ofrecerá mucho alivio, dejando al carbón como alternativa inmediata para Asia. Una interrupción prolongada del GNL afectará además a la producción de fertilizantes dependiente del gas, con efectos indirectos sobre la seguridad alimentaria en Asia oriental.
El riesgo de depender del GNL estadounidense
La cuota del GNL estadounidense en las importaciones de la UE está aumentando, representando aproximadamente el 58 % del GNL importado en 2025 y alrededor de una cuarta parte del total de importaciones de gas de la UE, lo que genera preocupaciones sobre una posible dependencia excesiva de EEUU.
Sin embargo, los temores a una interrupción por motivos políticos son probablemente exagerados –aunque con la administración Trump nunca se sabe. En primer lugar, la rápida expansión de la capacidad exportadora estadounidense crea fuertes incentivos para asegurar mercados premium, es decir, europeos.
En segundo lugar, la geografía importa: con la mayoría de los proyectos de GNL en el Golfo de México, los envíos transatlánticos suelen ser más prácticos y económicamente atractivos, al menos mientras persistan las limitaciones en el canal de Panamá.
Por último, los exportadores estadounidenses de GNL operan con lógica comercial y fueron de los primeros en ofrecer contratos flexibles a corto y medio plazo. La mayoría del GNL estadounidense destinado a la UE no tiene destino fijo y puede redirigirse rápidamente. Detener las exportaciones de GNL estadounidense a Europa implicaría probablemente frenar gran parte de las exportaciones actuales de EEUU.
No obstante, es cierto que la flexibilidad del GNL estadounidense conlleva una mayor sensibilidad a los precios. Aunque algunos volúmenes están contratados por empresas europeas, una gran parte sigue en manos de intermediarios con fuertes incentivos para desviar los cargamentos hacia otros destinos.
Sin embargo, interrupciones prolongadas del suministro catarí solo reforzarán aún más la posición de los exportadores estadounidenses. Aunque el mercado estaba a punto de inclinarse a favor de Europa –tras el cese de las importaciones chinas de GNL estadounidense–, esa ventana, en el mejor de los casos, se ha pospuesto.
Si la crisis reduce el margen de maniobra de la UE, el Reglamento europeo sobre el metano podría convertirse en una de las primeras víctimas. Aunque algunos exportadores estadounidenses han mostrado disposición a adaptarse, la administración Trump insiste en exenciones hasta 2035.
El “nuevo normal” del GNL
Incluso si la interrupción resulta relativamente breve, sus efectos podrían ser duraderos. El GNL se ha considerado durante mucho tiempo más seguro políticamente que los gasoductos, gracias a su flexibilidad inherente. Sin embargo, este combustible, promocionado como fiable para la transición energética, podría ahora sufrir un deterioro reputacional. Los suministros, incluso los considerados relativamente seguros, están cada vez más expuestos a interrupciones, y la fuerza mayor también puede tener consecuencias reputacionales para Catar.
Todo ello incentivará a los compradores a considerar proveedores o fuentes alternativas, ya sean renovables y almacenamiento en baterías –o incluso carbón.
El propio comercio de GNL también se está volviendo más arriesgado. Las amenazas geopolíticas, militares y de seguridad han puesto de relieve la vulnerabilidad de una cadena de suministro en realidad muy concentrada. Incluso cuando el mercado se estabilice, el aumento de las primas de seguro y los costes de desvío mantendrán elevados los costes de transporte.
¿Déjà vu para la UE?
Aunque muchos se consuelan pensando que los precios siguen muy por debajo del pico de agosto de 2022, esto pierde de vista lo esencial: el esperado exceso de oferta probablemente ya no se materializará y los precios elevados están lastrando la economía europea, evidenciando las debilidades estructurales de su cartera de importaciones de gas.
Y, por supuesto, los picos de precios del gas intensifican las tensiones políticas sobre cómo reducir los costes energéticos. Las soluciones estructurales –electrificación, renovables, nuclear, flexibilidad y expansión de redes– son esenciales, pero no pueden compensar shocks a corto plazo. Entre las soluciones inmediatas que se debaten figura la reactivación de subsidios y límites de precios.
El gas sigue fijando a menudo el precio marginal de la electricidad. Algunos Estados miembros de la UE vuelven a sentirse tentados por la vieja idea de “desacoplarse del gas” y culpar al precio del carbono. Pero incluso si intervenir en los precios marginales acaba generando más problemas que soluciones, la tentación de avanzar hacia intervenciones nacionales, ignorando las demandas de estabilidad regulatoria y certidumbre inversora, es real.
Del mismo modo, los esfuerzos por limitar las interconexiones para proteger precios domésticos más bajos podrían complicar aún más el impulso de la UE hacia una red verdaderamente paneuropea.
Los sectores industriales, especialmente aquellos que utilizan gas natural como fuente de calor y materia prima, serán los más afectados. El apoyo estatal temporal puede ofrecer un alivio limitado, mientras que la destrucción de demanda vuelve a ser una amenaza, reabriendo interrogantes sobre el futuro industrial de Europa. Las consecuencias para la producción de fertilizantes podrían tener efectos en cadena sobre la seguridad alimentaria y el coste de la vida.
No está claro si la crisis actual reabrirá la caja de Pandora de las intervenciones nacionales. Lo que sí está claro es que la caída gradual de los precios del gas hacia niveles previos a 2021 en los últimos dos años había dado a Europa la esperanza de un retorno a la normalidad. Por desgracia, esa esperanza empieza ahora a desvanecerse.
Artículo publicado originalmente en CEPS.
