En las elecciones parlamentarias celebradas este domingo en Eslovenia, la victoria –a falta del voto por correo– fue para el Movimiento Libertad (28,62%), del primer ministro Robert Golob, que se impuso por un estrecho margen sobre su rival, el Partido Demócrata Esloveno (27,95%), liderado por Janez Janša (SDS).
Estaban llamados a las urnas 1.698.225 votantes para elegir entre 1.185 candidatos y dirimir la elección de 90 escaños. Los comicios registraron una participación del 69,32% –inferior a la de hace cuatro años–, aunque superior a la media histórica, en consonancia con una campaña caracterizada por la tensión mediática entre las dos principales opciones electorales.
Victoria ajustada
Con 29 escaños, el Movimiento Libertad consiguió mantenerse como la principal fuerza parlamentaria. Se convierte así en el primer partido de nueva formación que logra revalidar su posición. De lograr formar gobierno, Golob tiene la oportunidad de renovar su mandato como primer ministro, algo que solo consiguió uno de los artífices de la independencia eslovena, Janez Drnovšek. Sin embargo, el partido liberal y progresista ha perdido 12 escaños respecto a 2022 y queda debilitado a pesar de la victoria electoral.
El partido de Golob ha pagado el desgaste de cuatro años de gobierno, en los que han destacado diversos escándalos –como el caso “Litijska”, que puso en cuestión la transparencia del Ejecutivo–, las tensiones internas de la coalición (como la dimisión de la ministra del Interior, Tatjana Bobnar, o la aprobación de la ley Šutar, criticada por su impacto en los derechos civiles) y las acusaciones de improvisación, inestabilidad y gestión errática.
La coalición gubernamental, formada por los socialdemócratas (SD) y la Izquierda (Levica), ha tenido que amortiguar el impacto de la crisis energética en hogares y empresas, así como las inundaciones de 2023, que exigieron una respuesta rápida. Al Ejecutivo se le reconoce, no obstante, el incremento del salario mínimo y el refuerzo de la protección social, especialmente en sanidad, pensiones y cuidados.
El electorado vira a la derecha
Con 28 escaños, el SDS logró mejorar sus resultados respecto a las anteriores elecciones parlamentarias, apoyado en un electorado leal y sólido. Sin embargo, el segundo puesto deja a Janša en una posición ambivalente: fuerte, pero incierta. Hace unos meses, diversas encuestas le otorgaban la victoria, pero los acontecimientos recientes parecen haber favorecido al partido de Golob.
Según informaciones del Gobierno, el Sova (servicio de inteligencia esloveno) habría presentado pruebas de la visita de agentes de la empresa israelí Black Cube a la sede del SDS en Liubliana, así como indicios sobre actividades del partido de la oposición que evidenciarían el uso de parainteligencia extranjera para influir en las elecciones. Entre ellas destacan grabaciones obtenidas mediante engaño a personalidades cercanas al primer ministro, con el objetivo de denunciar una supuesta red de influencias.
No obstante, la victoria de Golob no puede ocultar un desplazamiento hacia la derecha respecto a las últimas elecciones. El principal beneficiado ha sido la alianza formada por Nueva Eslovenia (NSi), el Partido Popular Esloveno (SLS) y Fokus, que alcanza los 9 escaños y que durante la campaña se ha mostrado cercana al SDS.
De hecho, la derecha parlamentaria podría formar gobierno con los escaños del SDS, NSi, SLS, Fokus, Demokrati y Resni.ca, aunque estos dos últimos no son, por ahora, socios fiables. Demokrati (6 escaños), de orientación liberal-conservadora, aspiraba a 20 y previsiblemente encarecerá cualquier acuerdo; mientras que Resni.ca (5 escaños), de discurso populista y antisistema, ya había declarado antes de las elecciones su negativa a unirse al principal partido de la oposición.
Todo parece depender de la capacidad del Movimiento Libertad y del SDS para atraer al líder de Demokrati, Anže Logar, antiguo ministro de Exteriores en el gabinete de Janša, quien al cierre del recuento se mostró dispuesto a dialogar.
La mayoría de analistas coincide en que es posible la convocatoria de nuevas elecciones, ya que ninguno de los dos principales partidos puede garantizar los 45 escaños necesarios, incluso sumando el apoyo de las formaciones que han superado el umbral del 4% y de los representantes de las minorías italiana y húngara.
Cualquiera de las posibles soluciones implicaría costes elevados: enormes concesiones programáticas, un gobierno minoritario liderado por Golob –inherentemente inestable– o una legislatura que podría degenerar en acusaciones constantes de ilegitimidad. Ambos líderes saben que una oposición fuerte podría dificultar seriamente la maniobrabilidad de cualquier ejecutivo frágil.
Termómetro europeo
Los resultados reflejan no solo una notable polarización dentro de la sociedad eslovena, sino también la coexistencia de dos orientaciones políticas diferenciadas, cuyo impacto trasciende el ámbito nacional.
Golob ha articulado su proyecto en torno a un reformismo liberal de carácter proeuropeo, que combina el fortalecimiento del Estado del bienestar con una apuesta por el equilibrio institucional. Su gobierno ha mantenido un perfil bajo en política regional y ha adoptado posiciones progresistas a nivel internacional, especialmente en su apoyo al reconocimiento del Estado de Palestina.
Por el contrario, el líder del SDS defiende una agenda basada en la reducción fiscal y la desregulación, acompañada de un discurso más crítico con determinadas dinámicas de la Unión Europea, aunque firme en su apoyo a Ucrania. Durante su último mandato, Janša dejó una impronta controvertida, especialmente durante la pandemia, bajo acusaciones de abuso de poder, presión sobre los medios y decisiones iliberales que suscitaron críticas tanto de la sociedad civil como del Parlamento Europeo.
Su admiración por Donald Trump, su afinidad con Viktor Orbán y su cercanía con el nacionalismo conservador croata lo sitúan en una corriente nacional-populista, con énfasis en el control de los flujos migratorios, la promoción de valores tradicionales y un discurso antiestablishment –pese a su larga trayectoria política–. El tono confrontativo ha ganado peso en sus intervenciones públicas. Durante el propio recuento, Janša denunció irregularidades, afirmando la existencia de una discrepancia de 50.000 votos a su favor.
Desde 2022, estos planteamientos, antes marginales en la política eslovena, se han intensificado e incluso normalizado en el contexto político europeo y occidental. Eslovenia no es una excepción, pese a la tradicional moderación y pluralidad de su cultura política. Las instituciones de los Estados miembros de la UE siguen sometidas a una nueva prueba de presión, y la formación del gobierno esloveno será un buen termómetro de la salud institucional y democrática europea frente a la polarización y la fragmentación.
El 12 de abril se celebran elecciones en Hungría y el 19 de abril en Bulgaria. Las claves en ambos países no difieren sustancialmente del escenario esloveno y servirán para tomar el pulso al rumbo político del este europeo: con mayor o menor alineamiento con Bruselas. Por el momento, Eslovenia no ha aclarado su destino más inmediato.
