Personas desplazadas por los ataques de Boko Haram y el ISWAP en Nigeria regresan a sus hogares tras 9 años en Borno, Nigeria, el 21 de junio de 2024. GETTY

Terrorismo global: el giro hacia África

El terrorismo global tiene hoy su principal foco en África, especialmente en el Sahel. Mientras la respuesta internacional continúa priorizando la seguridad, la integración de las víctimas sigue siendo una asignatura pendiente.
Luisa Barrenechea Fernández
 |  22 de abril de 2026

El reciente Índice Global de Terrorismo de 2026 del Institute for Economics & Peace confirmó la tendencia de los últimos años de situar a África en el epicentro del terrorismo mundial. En 2025 se registraron 2.944 atentados terroristas y 5.882 víctimas mortales. El Sahel es la región líder, con más de la mitad de las muertes por terrorismo y los atentados más letales. Seis de los diez países más afectados están en África y el 70% de las víctimas se registraron en cinco países, de los cuales únicamente Pakistán no pertenece al continente. Burkina Faso, en segunda posición tras Pakistán, sufrió los ataques más mortíferos. Jamaat Nusrat al-Islam wal Muslimeen (JNIM) reivindicó el atentado de octubre, con 190 víctimas. Níger, Nigeria, Mali, Somalia y República Democrática del Congo ocupan las primeras posiciones por la presencia de los grupos terroristas más activos actualmente, como el Estado Islámico (EI), JNIM o Al-Shabaab.

En este nuevo contexto internacional de policrisis y crisis globales, con la mayor cifra de conflictos desde la Segunda Guerra Mundial, cabe señalar que algunos de los países con conflictos armados de alta intensidad coinciden con los niveles más elevados de terrorismo. La Región del Lago Chad, con atentados de Boko Haram y el Estado Islámico de la Provincia de África Occidental (ISWAP); Mali, con fuerte presencia de JNIM; la Región del Sahel Occidental o la República Democrática del Congo, atacada por el EI y otros grupos armados; o Somalia, amenazada por  Al-Shabaab, son algunos de los conflictos activos en África. La realidad confirma que el principal impulsor de violencia terrorista son los conflictos, debido en la mayoría de los casos a estados frágiles y carentes de instituciones sólidas que permitan prevenir y contener la amenaza.

A pesar de que en los últimos años el foco terrorista se ha desplazado a África subsahariana en detrimento de Oriente Medio y el Norte de África, la visibilidad y el impacto mediático del terrorismo son claramente superiores en esas zonas. Si habitualmente se difunden noticias relacionadas con las acciones de Hamás y Hezbolá, no es probable encontrar información de atentados en el continente africano. Lejana queda la campaña internacional “Bring Back Our Girls”, que, tras el secuestro por Boko Haram de 276 niñas en Chibok (Nigeria) en 2014, logró dar visibilidad a las víctimas en África. Más de diez años después, Nigeria sigue enfrentando una grave amenaza, con atentados como el del 5 de abril en la aldea de Debe (estado de Kebbi), con 24 víctimas mortales.

El terrorismo en África tiene efectos directos en la estabilidad y seguridad del continente, y sus consecuencias son devastadoras para la población. La porosidad de las fronteras y la debilidad institucional en algunos países propician la expansión de los grupos terroristas y el extremismo. La vida de millones de personas se ve condicionada por la violencia terrorista, como reflejan las cifras elevadas de desplazamiento forzoso de la población y la privación de derechos básicos en algunos de estos contextos. Más de 8.000 escuelas han cerrado en el Sahel por la inseguridad y los ataques, según UNICEF, dejando a millones de niños sin escolarización. Si bien el origen de las crisis humanitarias en África es generalmente multicausal, uno de los principales factores está relacionado con la violencia terrorista.

 

Lucha contra el terrorismo

Los esfuerzos continentales y regionales se centran en la prevención y respuesta al terrorismo mediante medidas policiales y judiciales, así como en la cooperación internacional. La prevención de la radicalización tiene un interés especial debido a la envergadura que ha alcanzado en un continente con numerosa población joven desencantada y vulnerable a ideas extremistas.

La Unión Africana y la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) lideran iniciativas de políticas y estrategias antiterroristas continentales y regionales. El Centro de Lucha contra el Terrorismo de la Unión Africana (AUTUC) facilita la cooperación regional, fortalece la capacidad de los estados y desarrolla investigación clave para adaptarse a una amenaza cambiante, persistente e interconectada con el crimen organizado. El intercambio de inteligencia y mejores prácticas es necesario para anticipar los riesgos, así como para promover enfoques basados en el respeto a los derechos humanos.

Las medidas implementadas en los últimos años están dando ciertos frutos, al haber disminuido en el último año los incidentes terroristas en diez países de África subsahariana. No menos relevante es el juicio colectivo que acaba de condenar en Abuja (Nigeria) a 386 personas por cargos de terrorismo, lo que evidencia la firmeza y el esfuerzo del país para juzgar a los terroristas y restaurar la seguridad. Si bien contó con la presencia de la Oficina de Naciones contra la Droga y el Delito (UNODC) como observador, cabe reflexionar si un macrojuicio de estas características ha respetado las garantías procesales y los derechos fundamentales. .

 

Víctimas del terrorismo: una tarea pendiente

En diciembre de 2025 tuvo lugar en Rabat (Marruecos) la primera Conferencia Internacional sobre Víctimas Africanas del Terrorismo, promovida por Marruecos y la  Oficina de las Naciones Unidas contra el Terrorismo (UNOCT). La declaración aprobada, con el explícito título “Apoyando a las víctimas del terrorismo en África: hacia la justicia, la recuperación y la resiliencia”, promueve la creación de mecanismos que faciliten apoyo multidimensional y den visibilidad a las dificultades a las que se enfrentan. El documento, al referirse a las víctimas, señala: “las mujeres, los hombres, los niños, las personas desplazadas y las comunidades a menudo permanecen marginadas, poco reconocidas y con apoyo insuficiente”.

Que la conferencia haya sido en Rabat tiene su lógica, considerando que Marruecos es un referente continental en la lucha contra el terrorismo. La estrategia multidimensional implementada tras los atentados de Casablanca en 2003 y de Marrakech en 2011 ha permitido contener la expansión del terrorismo en el país. En la reunión se encontraban los países más afectados, entre ellos Burkina Faso, cuyo ministro de Asuntos Exteriores, Karamoko Jean-Marie Traoré, señaló que estaba presente “como burkinés, observador, testigo, pero también como víctima», en referencia al terrorismo que asola su país.

La declaración se centra en tres aspectos principales. En primer lugar, promover el desarrollo de mecanismos multidimensionales de apoyo jurídico, socioeconómico o psicológico, y adoptar iniciativas que fomenten la educación, la resiliencia comunitaria, el empoderamiento juvenil y la cohesión social. En segundo lugar, aboga por un enfoque integral y solidario basado en los derechos, la dignidad y la participación de las víctimas en el desarrollo y la aplicación de las políticas antiterroristas, alentando a consolidar mecanismos nacionales y armonizar los marcos jurídicos. En tercer lugar, reconoce la importancia de la cooperación internacional en este ámbito, especialmente entre los países africanos, para el intercambio de información y capacitación. Sin embargo, posiblemente lo más relevante es el papel que la declaración reconoce a las víctimas y a los supervivientes en la prevención de la radicalización y el extremismo.

Las prioridades quedan reflejadas en una declaración de consenso que demuestra que la desatención a las víctimas del terrorismo en África no es falta de voluntad política y de compromiso, sino principalmente escasez de recursos, destinados de manera prioritaria a la prevención y contención del terrorismo.

 

Cooperación internacional

La cooperación antiterrorista con África se centra en la seguridad y la defensa. La Unión Europea y otros aliados del continente focalizan su colaboración en programas de apoyo a las fuerzas de seguridad y los sistemas judiciales; lucha contra la financiación del terrorismo; control de fronteras; y lucha contra la radicalización. Sin embargo, a pesar del impacto humano del terrorismo, el apoyo a las víctimas no se materializa en iniciativas concretas. Únicamente las Naciones Unidas lleva a cabo algunas acciones de asistencia técnica.

La relevante experiencia de España frente al terrorismo ha originado que el sistema de protección de las víctimas sea un modelo reconocido de atención integral. No en vano, España ejerce la copresidencia del Grupo de Amigos de Víctimas de Terrorismo de Naciones Unidas y promueve la agenda internacional, auspiciando conferencias como la celebrada en Vitoria en 2024. En ese marco, España y la Unión Europea están bien posicionadas para colaborar con los países africanos en la operacionalización de los temas más destacados aprobados en la Declaración de Rabat. No se trata únicamente de intercambiar experiencias y reflejar sus necesidades, sensibilizando a los estados y a la sociedad civil, sino de poner en valor el papel que las víctimas pueden desempeñar en las estrategias contra el terrorismo.

Actualmente, hay unanimidad en que la lucha contra el terrorismo requiere un enfoque integral y multidimensional que trasciende la seguridad. Actuar frente a los desafíos estructurales de los países africanos, la debilidad institucional, la falta de oportunidades o la desigualdad disminuirá los factores favorables a la violencia terrorista. Con esa perspectiva, la respuesta coordinada debería integrar a las víctimas del terrorismo que, como recoge la Declaración de Rabat, no solo requieren protección y asistencia, sino que son actores clave en la prevención de la radicalización y el extremismo.

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