EL mundo ha entrado en la fase final de su expansión demográfica: la fecundidad cae de forma generalizada, la población envejece y el crecimiento persiste, pero es cada vez más lento y desigual. Dos tercios de los países registran ya tasas de fecundidad por debajo del nivel de reemplazo.
Los países más desarrollados seguirán perdiendo peso relativo, mientras que aquellos en desarrollo crecerán a mayor ritmo. África subsahariana experimentará un crecimiento espectacular y Asia meridional concentrará una parte sustancial de la población mundial. Salvo excepciones como India, Filipinas o Pakistán, en la mayor parte de América y Asia la población está estancada o crecerá de forma lenta y decreciente. Estas transformaciones intensificarán las migraciones, la diversidad poblacional y el envejecimiento.
La demografía no es el destino, pero sigue siendo una clave del poder. Más población implica más trabajadores, mayor tamaño económico y una mayor reserva potencial de soldados. La despoblación limitará la capacidad de proyección de muchos países y el envejecimiento tendrá efectos severos. El resultado es un mundo demográficamente fragmentado: sociedades envejecidas frente a otras jóvenes y en expansión.
En este escenario, Rusia afronta un triple golpe demográfico: baja natalidad, alta mortalidad y emigración. La demografía declinante de Europa contrasta con el dinamismo africano. España e Italia tienen tasas de fecundidad por debajo del 1,2%. También están por debajo de esa tasa Japón, China, Corea del Sur y Taiwán, que afrontan un verdadero colapso demográfico.
En los próximos años, China perderá peso relativo frente a Estados Unidos, cuya población seguirá creciendo hasta fin de siglo. No obstante, sus aliados en la región –Japón y Corea del Sur– pierden población. En Estados Unidos, la población de origen europeo será minoritaria en la década de 2040, una transformación que explica en parte el auge de MAGA. Política Exterior aborda en…



