En su discurso pronunciado en el monte Rushmore (Dakota del Sur), Donald Trump evocó a William McKinley, Theodore Roosevelt y la guerra de 1898 contra España como algunos de los momentos culminantes de la historia de Estados Unidos. La referencia al 250 aniversario de la independencia quedó pronto eclipsada por un mensaje mucho más político: la reivindicación de una tradición estadounidense basada en la fuerza, el interés nacional y la expansión del poder.
En su audiencia de confirmación ante el Senado, Marco Rubio sostuvo que el orden de la posguerra se había convertido en “un arma utilizada contra Estados Unidos”. Hasta cierto punto, esa percepción responde a un hecho objetivo. En 1945, Estados Unidos producía aproximadamente la mitad de los bienes manufacturados del planeta; en 2024, apenas representaba el 15 %.
Sin embargo, pocos países se beneficiaron tanto de la globalización que Estados Unidos impulsó tras la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces, el PIB mundial se ha multiplicado por 19. Los ingresos reales de una familia media estadounidense se han duplicado desde 1960.
El aislacionismo, además, no constituye una novedad en la tradición política del país. George Washington y buena parte de los padres fundadores aspiraban a mantener a la…



