El debate sobre los mercados ilegales en el espacio iberoamericano ha descansado sobre una premisa equivocada: que se trata de un problema esencialmente latinoamericano cuyos efectos, de manera episódica, alcanzan a Europa. Esa lectura no permite comprender la magnitud del desafío ni diseñar respuestas eficaces. Los flujos que cruzan el Atlántico, como las drogas o el oro, no son simples corrientes que parten de un origen y llegan a un destino. Son economías transregionales organizadas en cadenas de extracción, producción, transporte, distribución, consumo, lavado y reinversión. En ellas participan actores criminales, intermediarios legales e ilegales, empresas de fachada, operadores financieros, funcionarios corruptos, redes portuarias, compradores finales y circuitos de opacidad patrimonial ubicados en ambas orillas.
El punto de partida es incómodo, pero indispensable. Europa no es solo víctima ni observadora externa de las economías criminales latinoamericanas. Es también parte del ecosistema económico que las vuelve rentables. La demanda europea de cocaína, la recepción de contenedores en puertos estratégicos, la compra de minerales y maderas con trazabilidad insuficiente, la demanda de fauna exótica y especies protegidas, la circulación de capitales opacos y la presencia de redes criminales latinoamericanas en territorio europeo muestran que el problema no viaja en una sola dirección. La economía criminal contemporánea funciona como un sistema de ida y vuelta. América Latina enfrenta la violencia, la captura institucional y la depredación territorial asociadas a la producción y el tránsito; Europa, el aumento de la disponibilidad de drogas, la penetración de redes en puertos y ciudades, la corrupción logística y la entrada de recursos ilícitos a mercados formales.
En los mercados ilícitos, Europa y América Latina no son una víctima y un culpable, sino dos regiones igualmente afectadas. Y esa comunidad de daños encierra una oportunidad específicamente iberoamericana. España y Portugal ocupan una posición singular para contribuir a…
