El aparato llevaba 600 gramos de explosivo de uso militar, pero el detonador falló. Diez días después, el 14 de agosto, otro dron con explosivos fue encontrado en un campo cercano. Leipzig/Halle es uno de los mayores centros de carga aérea del continente y una ruta habitual de la ayuda militar a Kiev. Los servicios de inteligencia alemanes consideran que ambos episodios forman parte de una campaña rusa de sabotajes en territorio europeo. Otros artefactos y operaciones similares han sido investigados en Rumanía, Italia, Polonia, Bulgaria y Reino Unido.
Berlín ha respondido con medidas diplomáticas y económicas. El gobierno cerrará el consulado general ruso en Bonn, el último que permanecía abierto en Alemania, pondrá fin al acuerdo que permite funcionar a la Casa Rusa de Berlín, endurecerá los controles de entrada para ciudadanos rusos y aumentará la presión sobre la denominada flota fantasma de Moscú.
Pero Alemania no ha solicitado consultas bajo el artículo 4 del Tratado del Atlántico Norte, que permite convocarlas cuando un Estado miembro considera amenazada su seguridad. La respuesta es, por tanto, diplomática, económica y consular, pero evita la cuestión más delicada: hasta dónde debe llegar la respuesta defensiva ante una operación híbrida.
El diputado de…



