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diferencia de otras regiones del Sur Global, especialmente el Sudeste asiático o el África subsahariana, donde el encarecimiento de la energía está provocando racionamientos, tensiones fiscales y presiones inflacionistas, América Latina parece, por ahora, relativamente protegida.
El FMI mantiene sus previsiones de que este año y el próximo la región crecerá a una tasa anual del 2%-3%, entre otras cosas porque su comercio exterior se realiza a través de rutas marítimas atlánticas y pacíficas y se endeuda cada vez más en sus propias monedas. Asia es el destino del 84% del crudo que fluye a través del estrecho de Ormuz. América Latina opera en circuitos comerciales mucho menos expuestos a la disrupción del Golfo.
Los bonos de la región apenas se han inmutado pese a que Donald Trump asegura que bloqueará el estrecho hasta que Teherán acceda a negociar el fin de su programa nuclear. Es decir, sine die. En contraste, varios países africanos altamente dependientes de importaciones energéticas han visto aumentar sus primas de riesgo y deteriorarse sus balanzas de pagos.
Los analistas militares creen casi imposible romper el férreo control iraní sobre el estrecho sin incursiones terrestres, militar y políticamente insostenibles para Trump. En esas condiciones…
