En 2018, Jair Bolsonaro, hoy condenado a prisión por intentar un golpe de Estado, sostuvo que los intereses estratégicos brasileños coincidían en lo esencial con los de EEUU. Su hijo Flávio, principal rival de Luiz Inácio Lula da Silva, comparte esa visión y defiende una relación más estrecha con Washington.
En su campaña para lograr su cuarto mandato, Lula ha puesto el acento en la necesidad de proteger la soberanía brasileña de las injerencias extranjeras. Las tensiones con Washington han aumentado además durante el verano, en medio de las amenazas arancelarias de Trump y de las acusaciones brasileñas de injerencia en su proceso electoral. El 7 de septiembre, Día de la Independencia, Lula volvió a insistir en que ninguna potencia extranjera puede decidir con quién comercia Brasil ni condicionar el control sobre sus recursos naturales. La disputa con Trump ha pasado así de la política exterior al terreno electoral interno.
Y las elecciones están cada vez más abiertas. Una encuesta AtlasIntel/Bloomberg publicada el 10 de septiembre sitúa a Lula con el 43% en primera vuelta y a Flávio Bolsonaro con el 37,4%. En una eventual segunda vuelta, sin embargo, ambos aparecen prácticamente empatados: 46,2% para Lula frente a 46,4% para Bolsonaro, dentro del margen de error. A finales de agosto, Lula todavía aventajaba a su rival por más de cuatro puntos.
Trump justifica sus presiones sobre Brasil por cuestiones comerciales, pero estas también se inscriben en la creciente competencia con China y en el papel que Brasil…
