En su discurso de Davos, Mark Carney dio por fenecido el antiguo orden mundial basado en reglas, que –sostuvo– no era más que una “amable ficción” que los fuertes respetaban solo cuando les convenía. Días después, ante el Parlamento en Ottawa, desmintió haberse retractado en una llamada a Donald Trump, como aseguró el secretario del Tesoro, Scott Bessent. “Ya no hay nada normal en Washington”, afirmó.
La ovación en Davos reflejó tanto la recepción del diagnóstico como el respeto por la temeridad calculada de pronunciarlo un día antes del discurso de Trump. Carney sabía a qué se exponía si despertaba la ira del presidente estadounidense. Y la reacción no se hizo esperar: en uno de sus mensajes en Truth Social, Trump difundió una imagen generada por IA en la que la bandera estadounidense cubría EEUU, Groenlandia, Canadá y Venezuela.
Las advertencias del primer ministro canadiense –hasta hace poco banquero central y político amateur– lo han convertido en el potencial referente de una coalición de potencias medias que no desean elegir entre esferas de influencia rivales. Carney no citó a Estados Unidos, Rusia o China, ni a sus líderes, pero el destinatario era inequívoco.
Tras visitar Pekín y Doha,…

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