Los estudios sobre la influencia china en el Sur Global suelen centrarse en el comercio, las inversiones o las infraestructuras, dando por supuesto que la República Popular dejó atrás la exportación ideológica en la era maoísta. Sin embargo, Pekín ha encontrado una nueva vía para proyectar su influencia internacional: la exportación de un modelo de seguridad y control social apoyado en la tecnología.
Pekín lo presenta como una herramienta eficaz para garantizar la seguridad pública, apoyándose en las bajas tasas de homicidios y de delincuencia violenta del país. El mismo aparato, sin embargo, sirve para vigilar, intimidar y reprimir a opositores, activistas y disidentes. El tráfico y la circulación de personas en las grandes ciudades chinas son monitorizados de forma permanente mediante una inmensa red de cámaras de vigilancia, muchas de ellas equipadas con inteligencia artificial y sistemas de reconocimiento facial capaces de cruzar e interpretar gigabytes de información en tiempo real.
La vigilancia digital resulta igualmente omnipresente. En Xinjiang, las autoridades han recopilado datos biométricos, escaneos de iris, muestras de ADN y patrones de voz de millones de uigures para facilitar su identificación dentro de las bases de datos policiales.
El Partido Comunista Chino denomina “modelo Fengqiao para una…
