En una sola semana, Miguel Díaz-Canel anunció el golpe de timón, el Comité Central del Partido Comunista de Cuba dio su visto bueno y el Parlamento aprobó el paquete de reformas inspirado en el modelo vietnamita. En Vietnam, el Partido Comunista gobierna con mano de hierro una economía que entre 2000 y 2025 creció a una media anual del 6,5%. En 2025, su comercio exterior rondó los 930.000 millones de dólares.
Desde que, en 1973, Fidel Castro visitó Hanói en plena guerra, la relación bilateral ha sido tan estrecha que ahora podría lograr lo que ni Rusia ni China consiguieron: convencer a los dirigentes cubanos de abandonar el modelo de planificación central que ya solo mantienen, con matices, La Habana y Pyongyang.
Moscú tiene prioridades existenciales en Europa y Pekín no está dispuesto a poner en riesgo su relación con Estados Unidos por una isla con un peso marginal en su comercio exterior. Hanoi, Moscú y Pekín pueden asesorar la transición, pero difícilmente financiarla mientras Donald Trump mantenga la presión sobre la economía cubana y sus suministros energéticos.
Los cambios eran inevitables. Desde 2020, el PIB cubano ha caído un 20%. El salario mínimo mensual apenas equivale a unos cinco…
