Roberto Sánchez, candidato de Juntos por el Perú (JP), logró imponerse por un estrecho margen al exalcalde de Lima Rafael López Aliaga, situado aún más a la derecha que Fujimori. El resultado confirma tanto la extrema fragmentación política peruana como la persistencia de una fuerte polarización social y territorial.
Las acusaciones de fraude lanzadas por López Aliaga parecen responder más a la creciente desconfianza hacia las instituciones electorales que a pruebas concluyentes de manipulación. Aun así, el deterioro de la credibilidad institucional sigue siendo uno de los rasgos centrales de la política peruana reciente.
Las encuestas anticipan una segunda vuelta muy ajustada, con Sánchez y Fujimori prácticamente empatados en intención de voto, con porcentajes cercanos al 30%. Aunque la Fiscalía ha solicitado cinco años de prisión e inhabilitación política para Sánchez por presuntas irregularidades financieras vinculadas a su partido, resulta poco probable que el proceso altere sustancialmente la campaña.
El mapa electoral reproduce en gran medida el patrón de 2021. Sánchez se impuso con claridad en las regiones andinas de mayoría quechua y aymara, donde Castillo obtuvo entonces sus mejores resultados. El actual candidato ha asumido deliberadamente buena parte de la simbología política y del discurso del…
