La caída de precios de las placas fotovoltaicas, a medida que avanza la producción en escala, está detrás de esta gran expansión. La energía solar no solo es más barata de explotar, también la inversión es ya más asequible que la instalación de pozos de petróleo o gas.
En el año 2010, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) proyectó que el mundo alcanzaría la cifra de 410 gigavatios de producción para el año 2035. Diez años antes de llegar a ese momento, la cantidad existente ya multiplica por cuatro esa cifra. La AIE tampoco supo prever en ese momento que el consumo de energía también iba a dispararse.
La Inteligencia Artificial consume grandes cantidades de electricidad, lo que obliga a los países a elevar su producción para no sufrir problemas de suministro y escalada de precios. Aun así, en muchos países, como Estados Unidos, el precio de la electricidad ya es un problema político de primer orden.
China está liderando la revolución de la energía solar. Es cierto que China es el país con mayores emisiones absolutas de gases de efecto invernadero, y que el país sigue construyendo centrales de carbón para satisfacer el crecimiento de su demanda. Sin embargo, Pekín se ha marcado como objetivo incrementar su suministro eléctrico provenientes de fuentes de energía verdes, como la solar.
Hay tres motivos. El primero, que las placas se fabrican dentro del país, lo que supone una inversión que retroalimenta su economía. El segundo, que permite explotar un recurso gratuito, el sol. Y tercero, que permite compensar la emisión de gases de efecto invernadero.
En la meseta tibetana, a unos 3.000 metros de altura, los paneles solares se prolongan hasta donde cubre la vista. China ha instalado allí un enorme huerto solar que ocupa una superficie siete veces mayor que…
