Más allá del movimiento puntual del mercado, la subida refleja la percepción de que la crisis energética no será transitoria y de que la prima geopolítica incorporada actualmente al precio del crudo tardará tiempo en desaparecer.
El deterioro de infraestructuras energéticas en la región, junto con las dificultades logísticas derivadas del cierre del estrecho de Ormuz y la escasez de buques disponibles, apunta a que la normalización del comercio energético requerirá meses incluso en el supuesto de una eventual reapertura de la ruta marítima. Incluso en ese escenario, los inversores creen que importadores y operadores seguirán aceptando un sobrecoste por garantizar suministros procedentes de corredores seguros, ante el riesgo de que episodios similares vuelvan a repetirse.
Eso explica que el precio de los futuros se sitúe actualmente en máximos desde el comienzo del conflicto pese a que la situación militar no atraviesa su momento más crítico. A las restricciones impuestas por Irán se han añadido además limitaciones derivadas de la propia presencia militar estadounidense, consolidando un bloqueo de facto sobre una de las rutas energéticas más importantes del mundo. Los datos reflejan el deterioro progresivo de la situación: mientras en marzo cruzaban una media de 1,9 buques cisterna diarios, en…
