Hoy son los combatientes del Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes (JNIM, ligado a Al Qaeda) y los tuareg del Frente de Liberación de Azawad (FLA) los que han decidido retar a las Fuerzas Armadas de Malí (FAMA). Desde que el general Assmiti Goita ascendió al poder en 2020, estas están subordinadas a la junta militar que gobierna el país.
Los atacantes fueron temporalmente frenados gracias a la intervención de Francia –primero con la operación Serval y luego con la operación Barkhane– cuando ya se dirigían abiertamente hacia Bamako. Sin embargo, hoy la situación es mucho más inquietante en la medida en que Goita y los suyos no parecen en condiciones de neutralizar la doble amenaza del terrorismo yihadista y del independentismo del Azawad. A ello se suma la ausencia de un actor externo con capacidad y voluntad de intervenir como en 2013.
Por una parte, las FAMA han demostrado sobradamente su inoperatividad, de tal manera que nunca han logrado recuperar el monopolio del uso legítimo de la fuerza en buena parte de los 1,2 millones de kilómetros cuadrados del territorio nacional. De hecho, Malí aparece en el Índice Global de Terrorismo 2025 como el cuarto…
