En ese contexto se celebró, a finales de junio, una reunión de alto nivel entre el ministro chino de Comercio, Wang Wentao, y el comisario europeo de Comercio, Maroš Šefčovič. Aunque el encuentro no produjo avances comerciales concretos, ambas partes acordaron crear un nuevo mecanismo permanente de diálogo –el Trade and Investment Communication Mechanism (TIC)– y se dieron de plazo hasta octubre para intentar acercar posiciones. Pese a ello, se trató de una de las citas económicas más relevantes entre Bruselas y Pekín de los últimos años.
Ambas partes asumen ya que la relación económica ha entrado en una fase de deterioro que exige ser gestionada políticamente. Durante años, la relación económica estuvo presidida por una lógica de complementariedad. Europa exportaba bienes industriales sofisticados y maquinaria de alto valor añadido, mientras importaba productos manufacturados de menor coste. China aportaba capacidad productiva; Europa, tecnología, diseño y bienes de equipo. Aquella división internacional del trabajo resultó beneficiosa para ambas economías, pero ha dejado de existir.
La cuestión ya no consiste únicamente en que China venda más productos a Europa. El verdadero cambio es que compite directamente con las empresas europeas en los sectores que durante décadas constituyeron la principal ventaja…
