La semana pasada Trump insinuó que Ucrania podría recuperar todos los territorios ocupados gracias al apoyo armamentístico de la OTAN, la determinación de su pueblo para luchar y la fragilidad de la economía rusa. El giro es importante, viniendo de un presidente que en los meses pasados sugirió que Kiev debía ceder tierras al Kremlin y que llegó a tratar con honores al presidente ruso, Vladímir Putin.
Su discurso ahora reconoce el “espíritu” de resistencia de los ucranianos y respalda sus posiciones más ambiciosas para recuperar cada porción de territorio ocupada por Moscú. Defiende además que la OTAN los arme sin reservas, con armamento estadounidense incluido. También subraya la idea de que Rusia es en realidad un “tigre de papel”, incapaz de demostrar superioridad militar tras más de tres años y medio intentando tomar más de una quinta parte de un país que creía poder doblegar en cuestión de días.
La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, podría haber jugado un papel fundamental en este giro de Washington. Desde hace meses, ella y Trump, mantienen una línea de comunicación directa. El acuerdo comercial, tan necesitado como criticado a este lado del Atlántico, fue fruto de esa sinergia entre ambos líderes y las palabras de Trump sobre Ucrania en Naciones Unidas se produjeron tras un encuentro del presidente con Volodímir Zelenski y von der Leyen.
Los esfuerzos de la alemana por encauzar las tensiones con Trump parecen empezar a dar frutos. El acuerdo comercial, que establece aranceles de un 15% para los productos europeos y compromete a Europa en la compra de armas y productos energéticos estadounidenses, puso de manifiesto un difícil balance entre las prioridades de la Unión. Económicamente hablando, es un mal acuerdo para la UE, pero la gran partida europea no se juega en…
