Entre traficantes, inocentes atrapados en el fuego cruzado y los cuatro agentes de las fuerzas de seguridad, la cifra ha superado la masacre de la prisión paulista de Carandirú en 1992, en la que murieron 111 personas. Con ello, ya no quedan dudas de que la seguridad pública será el principal asunto sobre el que girará la campaña presidencial de 2026 y en la que Lula da Silva buscará un cuarto mandato.
Un 62% de los residentes de Río aprobaron la llamada operación Contenção, lanzada por Claudio Castro. El CV es la segunda mayor organización criminal del país, tras el paulista Primeiro Comando da Capital (PCC), lo que explica que Castro planeara una operación militar contra sus bastiones en los complejos de Alemão y da Penha, donde se esconden sus capos en medio de 300.000 vecinos.
La movilización policial incluyó blindados, helicópteros, drones y 2.500 efectivos del batallón de operaciones especiales de la policía militar. Los caveirões artillados se abrieron paso derribando las barricadas levantadas por el CV, que tiene 30.000 hombres en sus filas y unos dos millones de colaboradores que operan como una sociedad secreta, según Insight Crime.
Al final del día, agentes encapuchados mostraron a 81 sospechosos, decenas de rifles y 200 kilos de droga incautados. Algunos de los caídos en los combates, la mayoría hombres jóvenes y negros, fueron encontradas con las manos atadas.
La actitud de Lula da Silva, que escribió en sus redes sociales que no podía aceptar que las mafias siguieran “diseminando drogas y violencia”, revela el desconcierto de la izquierda oficialista ante la crisis. La ministra de Derechos Humanos, Macaé Evaristo, declaró tras visitar la zona que el operativo fue “un fracaso, una tragedia, un horror innombrable”.
La matanza policial se produjo en un momento delicado para Lula, en vísperas de…
