INFORME SEMANAL DE POLÍTICA EXTERIOR  >   NÚMERO 1483

Groenlandia: Lección de diplomacia danesa

Después de meses de presiones sobre Groenlandia, incluidas amenazas de tomar el territorio por la fuerza, la semana pasada Washington, Dinamarca y Groenlandia firmaron un acuerdo que debería poner fin a una crisis que amenazó con llevarse por delante a la OTAN.

El texto rubricado en Nueva York, durante la Asamblea General de la ONU, con los primeros ministros de Dinamarca y Groenlandia, Mette Frederiksen y Jens-Frederik Nielsen, amplía la presencia militar estadounidense en la isla sin cederle un palmo de territorio. El acuerdo debería cerrar esta disputa, pero ha dejado una profunda huella en la relación transatlántica.

El acuerdo innova poco. Sus diez páginas enmiendan el tratado de defensa de 1951, actualizado en 2004, que ya permitía a Washington abrir bases en la isla. En plena Guerra Fría llegó a tener más de una docena. Las dos nuevas tampoco lo son del todo: Narsarsuaq, en el sur, fue un aeródromo estadounidense cerrado en los años cincuenta, y Mestersvig, en el este, lo utiliza la patrulla danesa. A ello se suma la modernización de Pituffik. Cualquier otra instalación, tripulada o no, necesitará el visto bueno de Copenhague y Nuuk. El texto reafirma la soberanía danesa y la autodeterminación groenlandesa. Queda pendiente de ratificación parlamentaria.

Ningún país ajeno a la Alianza Atlántica podrá instalar bases en la isla sin el permiso de los tres firmantes. También restringe determinadas inversiones en sectores sensibles procedentes de países que no pertenezcan a la OTAN, no sean socios de la Alianza ni miembros de la UE. El acuerdo contempla además su continuidad en caso de que Groenlandia alcance la independencia. El capítulo de inversones es quizás el más novedoso y una de las que Washington presenta como un logro del pacto, al reforzar su capacidad para…

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