En la práctica, la cita nacional es más que un asunto doméstico: decidirá si la Unión Europea puede cerrar una etapa marcada por el bloqueo de uno de sus miembros más problemáticos, o si tendrá que convivir con un Viktor Orbán reforzado en el peor momento geopolítico de su historia.
Hungría se ha convertido en una pieza de fricción estructural dentro del proyecto europeo. Fue el primer país en romper un mito: la entrada en la UE como especie de vacuna contra la regresión democrática. Orbán no solo ha erosionado el Estado de derecho, también ha hecho del veto una herramienta central de su política en la UE. Esa lógica alcanzó un nuevo punto de tensión a partir de febrero, cuando Budapest bloqueó nuevas sanciones contra Rusia y un préstamo europeo de 90.000 millones de euros vital para Ucrania.
Ese es el telón de fondo de la campaña. Orbán se presenta como el dirigente que resiste a Bruselas, desafía el consenso europeo sobre Ucrania y se reivindica como referente de la derecha iliberal y soberanista continental. Su espacio político, Patriots for Europe, se ha consolidado como el tercer grupo de la Eurocámara. Una victoria suya sería leída por sus aliados…
