Esta no es una situación excepcional desde que, tras el derribo de Sadam Husein, Estados Unidos impuso un sistema de poder que asigna la presidencia del país a un kurdo, la presidencia del parlamento a un árabe suní y el cargo de primer ministro a un árabe chií. Sin embargo, en esta ocasión, la tarea de alinear a actores con agendas divergentes se complica aún más por el desacuerdo en torno al candidato inicialmente designado para suceder a Mohamed Shia al Sudani.
El 29 de diciembre se logró elegir al nuevo presidente del Parlamento, Haibat al Halbousi; pero, tras dos sesiones desconvocadas a última hora, aún no ha sido posible nombrar a un nuevo jefe de Estado. La competencia enfrenta al Partido Democrático del Kurdistán –que propone a Fuad Husein, actual ministro de Exteriores– y a la Unión Patriótica del Kurdistán –que presenta a Nizar Amidi, ministro de Medio Ambiente–. Solo tras ese nombramiento se activa el mecanismo constitucional: el presidente designa en 15 días a un candidato a primer ministro, que dispone de 30 días para formar gobierno. Si fracasa, el encargo pasa al siguiente candidato.
Del resultado electoral se desprende un dato…

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