El 63% de la población mundial vive a menos de 20 kilómetros de grandes ríos, ligados desde la Antigüedad al origen de reinos, imperios y ciudades. El 84% de las ciudades de entre uno y 10 millones de habitantes están a orillas de ríos. Muchas grandes ciudades costeras son también ciudades ribereñas, asentadas en grandes deltas y estuarios como los del Yangtsé, el Nilo o el Misisipi.
Esa dependencia contrasta con el creciente deterioro de muchos sistemas fluviales. El Jordán, el Ganges y el Tigris, entre muchos otros, están siendo explotados a tal ritmo que en diversos tramos sus cauces llegan a desaparecer durante las temporadas secas. En otros lugares, el peligro procede del fenómeno contrario: episodios extremos capaces de liberar en pocas horas enormes cantidades de agua, hielo y sedimentos. La catástrofe ocurrida a finales de agosto entre Nepal y el Tíbet ha mostrado con especial crudeza esta otra cara de la transformación de los sistemas fluviales.
El Himalaya concentra buena parte de estas tensiones. De sus montañas nacen algunos de los principales ríos de Asia, de los que dependen cientos de millones de personas en China, India, Bangladesh y el Sudeste Asiático. Desde la anexión del Tíbet en…
