Las sanciones económicas impulsadas por los países occidentales fracasaron en su intento por descarrilar la economía rusa. Sin embargo, en las últimas semanas se han visto imágenes impensables en Rusia: largas colas de vehículos en las estaciones de servicio para conseguir combustible. Las autoridades incluso han llegado a racionar la venta de gasolina en uno de los mayores productores de hidrocarburos del mundo. La paradoja resume con precisión la situación de la economía rusa.
Por un lado, la demanda sigue siendo elevada. De hecho, Rusia opera prácticamente al límite de su capacidad productiva. Lejos de sufrir el colapso que muchos anticipaban tras la invasión de Ucrania, la economía ha seguido creciendo. Según datos del FMI, este año el PIB real será casi un 10% superior al de 2021.
Este crecimiento responde, en gran medida, al extraordinario impulso fiscal destinado a sostener el esfuerzo bélico. Antes de la guerra, Rusia registraba un superávit público cercano al 2% del PIB; hoy mantiene un déficit superior al 2%. El cambio se explica íntegramente por el aumento del gasto público, que ha pasado de representar menos del 34% del PIB antes de la pandemia a superar el 39% en 2025.
Como consecuencia, los costes…
