Las críticas de Donald Trump al papa León XIV y a figuras influyentes que respaldaron su campaña en 2024 –Tucker Carlson, Candace Owens o Megyn Kelly– por su rechazo a la guerra con Irán han abierto grietas cada vez más visibles en el hasta ahora cohesionado movimiento MAGA.
Si el precio del galón de gasolina no baja de los 4-5 dólares antes de las elecciones de mitad de mandato y Trump no logra una salida clara del conflicto, el riesgo de desgaste electoral es significativo. En noviembre se renovarán la Cámara de Representantes, un tercio del Senado y buena parte de las gobernaciones estatales.
Una eventual pérdida del control del Congreso por parte de los republicanos abriría la puerta a un escenario de confrontación institucional, incluyendo la posibilidad de un nuevo proceso de impeachment y un mayor control legislativo sobre las decisiones de política exterior. Aunque la Constitución reserva al Congreso la facultad de declarar la guerra, en la práctica el poder ejecutivo ha ampliado progresivamente su margen de actuación en este ámbito.
El conflicto con Irán ha puesto de manifiesto esa dinámica. Un reciente informe del New York Times describe cómo la decisión de intervenir se adoptó en un contexto de divisiones internas en la Administración, con reticencias de figuras clave como el secretario de Estado o John Ratcliffe, director de la CIA.
La influencia de actores externos y la presión política habrían inclinado finalmente la balanza; al menos, esos fueron los motivos expresados por Joe Kent en su carta de renuncia a la dirección del Centro Nacional de Antiterrorismo. En noviembre de 2025, la Estrategia de Seguridad Nacional consideró a Oriente Próximo como una región de baja prioridad para los intereses estratégicos de Washington.
Este episodio refuerza la percepción de un liderazgo errático, en…
