Mientras una salida negociada de la guerra en Oriente Medio se aleja en el corto plazo, los inversores empiezan a valorar si tiene sentido que las bolsas vuelvan a cotizar en los niveles previos al conflicto. La resistencia que han mostrado los mercados en estas semanas es una señal de fortaleza. Si los inversores no percibieran potencial de subida, ya habrían abandonado sus posiciones. El optimismo, de hecho, se reflejó en el rápido rebote bursátil tras el anuncio de la tregua.
Sin embargo, una cosa es la capacidad de los inversores de mantenerse en el mercado en momentos de incertidumbre, y otra bien distinta es la capacidad de las empresas para generar beneficios. Esa es ahora la principal incógnita en un escenario sin acuerdo entre Estados Unidos e Irán, en el que el impacto económico acumulado de la guerra y sus efectos colaterales empiezan a trasladarse a la economía global.
En este contexto, los mercados no solo reaccionan al desarrollo del conflicto, sino a la incertidumbre sobre su desenlace. La Administración estadounidense se enfrenta a un dilema entre prolongar una negociación compleja sobre el programa nuclear iraní o asumir el coste de una nueva escalada militar, dos escenarios que implican…
