En todo caso, la evolución de la guerra en Oriente Próximo hace cada vez más difícil analizar el frente libanés de manera aislada. Hezbolá actúa como el principal actor no estatal vinculado a Teherán y como pieza central de su red de aliados en la región. En este contexto, la reactivación del frente libanés se produce en paralelo a la confrontación con Irán, lo que, junto al debilitamiento relativo de Hezbolá, ha abierto una ventana de oportunidad para Israel.
En el caso de Líbano esta lógica no es nueva. La relación entre ambos países ha estado marcada durante décadas por la preocupación israelí ante la posibilidad de que el territorio libanés sea utilizado como plataforma de ataque por parte de Hezbolá. En la actualidad, bajo denominaciones como “operaciones defensivas avanzadas” u “operación terrestre limitada y selectiva”, Israel parece actuar en un contexto que combina la debilidad relativa de la milicia proiraní con las limitaciones estructurales del Estado libanés para ejercer control efectivo sobre todo su territorio.
La huella israelí está presente en Líbano al menos desde la guerra civil libanesa (1975-1990) Entonces, los sucesivos gobiernos israelíes buscaron crear en Beirut un gobierno afín a Tel Aviv, apoyándose en milicias cristianas…

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