La situación en el terreno sigue siendo, en cualquier caso, muy fluida. Arabia Saudí, con el tenue apoyo de socios regionales como Pakistán y Turquía, ha advertido a Abdelmalik al Houthi, líder del movimiento, de que su posición en Yemen es cada vez más precaria. El mensaje llega después de los ataques con drones y misiles lanzados contra instalaciones energéticas y otros objetivos en Jazan, Abha, Khamis Mushait y Najran, en el sur saudí. Los ataques dejaron decenas de heridos y provocaron incendios en instalaciones petroleras.
La respuesta saudí ha sido hasta ahora calculada. Riad ha proporcionado apoyo logístico, armamento e inteligencia a las fuerzas gubernamentales y ha realizado ataques aéreos contra posiciones hutíes, pero trata de evitar una escalada mayor que provoque nuevas represalias contra su territorio. Las fuerzas gubernamentales, entretanto, han abierto nuevos frentes para intentar aliviar la presión hutí sobre la costa del mar Rojo.
Riad pretende así expulsar de la capital, Saná, a las huestes hutíes, y de las montañas septentrionales de Saada, feudo tradicional del movimiento. La ofensiva va acompañada, asimismo, de una oferta para que los líderes principales junto con sus familias, encuentren acogida en alguno de los países vecinos, siempre que renuncien a cualquier tipo de actividad política.
No parece, sin embargo, que esa iniciativa haya prosperado. Los hutíes han logrado un avance de especial importancia con la toma de Mokha, en la costa del mar Rojo y a unos 70 kilómetros del estrecho de Bab el Mandeb. El control de la…
