En paralelo, se observa una acumulación significativa de munición, capacidades de inteligencia y medios de guerra electrónica en las distintas bases aéreas estadounidenses en la región, con Al Udeid (Catar) y Al Dhafra (Emiratos Árabes Unidos) en posición destacada, así como en la base naval de Bahréin, sede del cuartel general de la V Flota.
Los indicios apuntan a un aumento de la presión militar, aunque eso no equivale necesariamente a un ataque inminente Israel, por su parte, insiste en que sus fuerzas armadas están en máxima alerta y reitera su disposición a actuar contra el régimen iraní, tras la operación llevada a cabo en junio pasado durante la Guerra de los Doce Días.
También se multiplican las señales que sugieren cautela. Varios países del Golfo –con Arabia Saudí al frente– temerosos de las represalias iraníes, han transmitido tanto a Washington como a Teherán que no autorizarán el uso de su espacio aéreo ni de su territorio para una eventual operación militar. Esta negativa complica de manera sustancial la ejecución de los ataques al obligar a emprenderlos desde bases más lejanas –como el propio territorio estadounidense o desde la base en Diego García– y a realizar trayectorias más complejas…
