Donald Trump ha suspendido de nuevo los ataques contra Irán para dar una oportunidad a un acuerdo, pero mantiene la amenaza de reanudarlos si Teherán no acepta reabrir el estrecho de Ormuz y avanzar hacia un nuevo entendimiento sobre su programa nuclear.
El conflicto ya está incorporando nuevos beligerantes. Ucrania y Arabia Saudí han atacado objetivos iraníes o de sus aliados en Irak y el mar Caspio. Teherán, que lleva décadas preparándose para librar conflictos asimétricos, dispone de múltiples formas de perturbar el mercado energético sin necesidad de cerrar completamente Ormuz. Puede hostigar a los petroleros con drones y misiles desplegados a lo largo de un territorio que ocupa casi un tercio de la superficie de Estados Unidos, minar el estrecho o recurrir a sus aliados regionales. Los hutíes en Yemen ya han demostrado en Bab el Mandeb su capacidad para interrumpir otra de las principales rutas marítimas del comercio mundial, obligando a numerosos buques a rodear África y encareciendo el transporte de mercancías y energía.
Desde la llegada de los ayatolás al poder en 1979, ningún presidente estadounidense ha querido involucrarse en una guerra abierta con Irán. Garantizar la libre navegación por Ormuz exigiría desplegar cientos de miles de…
