Hasta ahora sucesivos gobiernos mexicanos habían sido reacios a decapitar al cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). La operación que capturó en Tapalpa (Jalisco) a Nemesio “el Mencho” Oseguera se cobró nada menos que 70 vidas, entre ellas las de 25 militares y un fiscal. Los posteriores ataques desde Oaxaca a Baja California a objetivos civiles –bancos, mercados, hoteles…– de sicarios de su organización mostraron el poder que mantiene el crimen organizado en México.
Oseguera eludía a la justicia desde 2006, cuando regresó a México tras cumplir una condena de tres años en prisiones de California. En enero de 2025, la Casa Blanca incluyó al CJNG, que Oseguera creó en 2009 tras la escisión con el cártel de Sinaloa, en su lista de organizaciones terroristas.
Tras la captura de Nicolás Maduro, Donald Trump advirtió que México podía ser objetivo de nuevas “extracciones”, con o sin autorización de su gobierno. El propio T-MEC, el tratado de libre comercio entre los “tres amigos” (México, Estados Unidos y Canadá) estaba en vilo.
A esa presión se añadía la cercanía del Mundial de la FIFA. Guadalajara, la capital jalisciense y la tercera más poblada del país, fue elegida para acoger varios partidos del torneo. El gobierno tenía que demostrar que podía garantizar su seguridad. La pasividad se hizo insostenible.

Claudia Sheinbaum y su secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, al que el CJNG trató de asesinar en 2020 en un atentado en la capital mexicana, aprovecharon la presión de Washington para dejar atrás la política de “abrazos no balazos” de Andrés Manuel López Obrador.
En su sexenio se produjeron 200.000 homicidios relacionados con el crimen. La operación contra el CJNG, cuyo éxito se atribuyó Trump, contó con inteligencia de la agencia antidroga de EEUU (DEA) y otras que colaboraron en rastrear al capo hasta su…
