El canciller alemán, Friedrich Merz, y los jefes de Gobierno de Países Bajos, Austria, Suecia, Dinamarca y Finlandia exigen recortar en varios cientos de miles de millones de euros la propuesta de la Comisión para el presupuesto de la UE de 2028-2034, de casi dos billones. Las cuentas requieren unanimidad y, sin ese ajuste, no darán su visto bueno. Está en juego cómo financiará la UE sus nuevas prioridades en un contexto geopolítico particularmente adverso.
Los seis aportan casi el 40% de las contribuciones nacionales y hablan de una “asimetría fundamental”: los contribuyentes netos son minoría, pero pagan cerca de tres cuartas partes de la factura. No cuestionan solo el tamaño final, sino un aumento nominal de alrededor del 60 % que consideran “no realista” cuando casi todos los Gobiernos tratan de sanear sus cuentas. Y cierran otras vías: los impuestos europeos también los acaban pagando los ciudadanos y la deuda conjunta tampoco es, a su juicio, la respuesta.
La ofensiva frugal no va solo de cantidades. El grupo liderado por Alemania quiere desplazar recursos de la agricultura y de las regiones menos desarrolladas hacia la defensa, la competitividad, la innovación y la lucha contra la migración irregular. La disputa es, por tanto, también sobre las prioridades de gasto de la Unión.
Enfrente, los 17 “Amigos de la Cohesión”, entre ellos España, Italia y Polonia, reclaman más fondos para la Política Agrícola Común (PAC) y las regiones y un presupuesto total por encima de los dos billones. Algunos piden…
