En un contexto internacional marcado por las tensiones impulsadas por Donald Trump, el destino político del cuarto país más extenso de la región y su quinta economía –con un PIB per cápita cercano a los 10.000 dólares en 2025, frente a los 2.000 de 1995– resulta clave para los equilibrios políticos regionales. Las elecciones se producen en medio de la apatía y la confusión ante una papeleta electoral gigantesca, con cinco columnas de listas de aspirantes al Senado y a la Cámara de Diputados.
Un 66% de sus exportaciones corresponde a metales: oro, plata, zinc, estaño o tungsteno. Tras Chile, Perú es el segundo exportador mundial de cobre, un recurso estratégico imprescindible para la transición energética.
Pese a contar con niveles de desaprobación cercanos al 90%, el Congreso se ha convertido en el verdadero centro del poder al instaurar, de facto, un sistema parlamentario. Lo ha hecho recurriendo a un artículo de la Constitución que permite destituir al presidente por “incapacidad moral permanente”, una fórmula deliberadamente ambigua que, en la práctica, queda al arbitrio de la mayoría parlamentaria. El legislativo ha transformado así la presidencia en una figura casi decorativa, sin necesidad de reforma constitucional, asamblea constituyente ni consenso…
