Seguro se impuso con algo más del 31% de los votos, mientras que Ventura obtuvo cerca del 24%, dejando atrás a un espacio de centro-derecha y liberal claramente dividido. Es la segunda vez desde 1974 que Portugal necesita una segunda vuelta presidencial –la anterior fue en 1986– y la primera ocasión en la que un candidato de extrema derecha tiene la posibilidad de llegar a la presidencia.
La segunda vuelta enfrentará a dos figuras con perfiles y mensajes antagónicos. Seguro, retirado de la primera línea política durante casi una década, ha construido su campaña sobre un tono institucional y una apelación a la defensa de la democracia frente al extremismo. Su discurso, centrado en la cohesión social y en problemas como el sistema nacional de salud, le ha permitido atraer apoyos más allá del electorado tradicional socialista.
Ventura, por el contrario, líder del partido Chega, ha logrado capitalizar el malestar de parte del electorado con mensajes duros contra la inmigración y el establishment, acompañados de una estrategia de confrontación constante. Su resultado confirma la rápida expansión de Chega: en apenas seis años ha pasado de la marginalidad a convertirse en la principal fuerza de oposición en el parlamento.
Aunque…

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