En 2019, cuando el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, presidía el simposio económico de Jackson Hole (Wyoming), Donald Trump escribió en Twitter: “¿Quién es nuestro mayor enemigo, Jay Powell o Xi Jinping?” Powell guardó silencio, hasta ahora. El 9 de enero la Fiscalía federal anunció que estaba investigando a Powell por sus declaraciones ante el Senado en relación a una remodelación de 2.500 millones de dólares de la sede de la Fed en Washington.
En un vídeo que publicó en X, Powell atribuyó las maniobras de la Fiscalía a la intención de Trump de presionarlo para que baje los tipos de interés antes de las legislativas de mitad de mandato de noviembre. Trump replicó que no sabía nada del asunto. En diciembre, sin embargo, insinuó que podía tomar acciones legales contra Powell por su “incompetencia’”. Sin su consentimiento, la fiscalía difícilmente habría actuado en un asunto tan sensible. La Fed no se financia con dinero de los contribuyentes sino con lo que cobra a bancos privados por sus créditos y sus inversiones en bonos del Tesoro, divisas y otros activos financieros. La reacción fue inmediata.
Tres expresidentes –Alan Greenspan, Ben Bernanke y Janet Yellen– y…
