Nadie sabe cómo ni cuándo terminará la guerra en Ucrania, pero todo indica que está empujando a Rusia a una crisis económica sin precedentes desde el fin de la Guerra Fría. Según Bloomberg, miembros de su entorno habrían advertido a Vladimir Putin de que el gasto militar se está volviendo insostenible.
En abril, el propio Putin reconoció que la evolución de los principales indicadores macroeconómicos rusos se sitúa “por debajo de nuestras expectativas”. Un mes después, Valery Gartung, presidente de la Duma, expresaba públicamente su preocupación: “¿Qué vamos a hacer al respecto? ¿Imprimir rublos como en 1992, cuando los precios subían un 30% cada semana?”.
Sin acceso a los mercados internacionales de capitales, Rusia dispone de pocas alternativas para financiar sus déficits. La emisión de deuda pública se ha convertido en uno de los principales instrumentos de financiación, aunque con resultados cada vez más limitados. Varias subastas de bonos fracasaron en 2024 y también este año por falta de demanda, obligando al Banco de Rusia a empujar a la banca nacional a absorber una parte creciente de la deuda soberana.
Pero el gasto militar no es el único factor que está erosionando la economía rusa. Los crecientes cortes…
