Desde 2012, los kurdos cuentan con una semiautonomía en el noreste del país, denominada la Administración Autónoma Democrática del Norte y Este de Siria (más conocida como Rojava), con Kobani como punto de referencia central. En ella, las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) han actuado como un brazo armado de las autoridades locales, capaces de resistir tanto la presión de las fuerzas leales a Bashar al Asad –que pronto se retiraron de la región para concentrarse en torno a Damasco– como de Turquía, decidida a impedir que un territorio kurdo se consolide en su frontera sur.
En paralelo, y con el apoyo determinante de Washington, las FDS desempeñaron un destacado papel en la lucha contra Dáesh tras la proclamación del “califato” en 2014 en territorios de Siria e Irak. De ahí que, tras su desmantelamiento en 2019, hayan seguido ocupándose de los centros de detención que albergan a miles de yihadistas y sus familiares.
Tras la caída de la dictadura, Ahmed al Sharaa, al frente del gobierno de transición, ha intentado encauzar el desafío kurdo combinando la fuerza con ofertas de negociación planteadas a su líder Mazloum Abdi. En marzo del pasado año se llegó a un principio de…
