En el equipo de la Casa Blanca que coordinará la llamada “Fuerza de la Superinteligencia” destaca Emil Michael, subsecretario de Defensa para Investigación e Ingeniería. Su presencia refleja la importancia que el Pentágono concede a las aplicaciones militares de la IA, empleadas ya, de distintas formas, en conflictos como los de Ucrania, Irán y Gaza.
Los próximos avances se esperan en ámbitos como la logística y las ciberoperaciones ofensivas. En Irán, el Pentágono ha recurrido a herramientas de IA para planificar operaciones, procesar información de inteligencia y ayudar a priorizar objetivos. Ucrania constituye otro campo de pruebas de estas innovaciones. En julio, un dron ruso equipado con un sistema experimental de IA mató a tres civiles en Zaporiyia. Según una investigación de The New York Times, el aparato seleccionó por sí mismo el objetivo. En Gaza, el ejército israelí ha utilizado herramientas de IA para identificar posibles objetivos militares, una práctica cuestionada por el riesgo de reducir la supervisión humana sobre decisiones de consecuencias mortales.
La cuestión es hasta dónde puede llegar esa autonomía. El Comité Internacional de la Cruz Roja lleva años advirtiendo de los riesgos de las armas autónomas, capaces de seleccionar y atacar objetivos sin una intervención humana adicional. Pero los peligros van más allá de los llamados “robots asesinos”, cuya utilización ha alimentado también el debate sobre los límites que deben imponerse a la IA militar. Los grandes modelos de lenguaje presentan, por su parte, vulnerabilidades frente a ataques informáticos y pueden generar información falsa…
