A finales de abril, los combatientes del Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes (JNIM, ligado a Al Qaeda) y los rebeldes tuareg del Frente de Liberación de Azawad (FLA) lanzaron una ofensiva coordinada que obligó a las Fuerzas Armadas malienses (FAMA) a retirarse de varias posiciones en el norte.
Los ataques alcanzaron también las inmediaciones de Bamako y la localidad militar de Kati, donde fue asesinado el ministro de Defensa, Sadio Camara. La ofensiva supuso un duro golpe para la junta, que perdió el control de Kidal y otras posiciones estratégicas.
El pasado 6 de octubre, las FAMA, apoyadas por los efectivos rusos del Africa Corps, anunciaron la recuperación del control de Kidal, sin necesidad de entablar combates directos, después de que los rebeldes abandonaran la ciudad. Bamako anunció que la ofensiva, enmarcada en la operación Dougoukoloko, continuará para recuperar Tessalit y otras localidades del norte. Por su parte, los portavoces del FLA describieron su salida como una “retirada estratégica y controlada”, una medida temporal destinada, según afirman, a preservar sus efectivos y evitar nuevas víctimas civiles ante los ataques aéreos gubernamentales.
Más allá de los avances y retrocesos militares, destaca el aparente cambio de posición de Argelia, tradicionalmente un actor fundamental en los equilibrios del norte de Malí. La relación entre ambos países, marcada por fuertes tensiones en los últimos años, parece entrar en una nueva etapa de acercamiento. El propio presidente argelino, Abdelmadjid Tebboune, ha expresado abiertamente su alineamiento con Goita. Para…
