Bucha es de esos lugares ocultos en el mapa a los que la guerra acaba convirtiendo en símbolo del horror. ¿Quién no ha escuchado hablar a estas alturas del conflicto sobre esta localidad de unos 35.000 habitantes ubicada a las afueras de Kiev?
Recuerdo haber avanzado hacia Bucha y el resto de los municipios que ocuparon los rusos desde el 27 de febrero hasta el 1 de abril de 2022. La liberación de ese territorio por las tropas locales nos permitió a los reporteros observar de cerca lo que habíamos escuchado e intuido durante esas cinco semanas en la distancia.
Los testimonios de los que iban escapando por las vías de evacuación nos habían ido adelantando el infierno en el que se habían convertido los alrededores de Kiev. Llegado abril, la destrucción, los cadáveres y el pánico de una población en shock nos abrieron las puertas. Hombres y mujeres de mirada perdida, que sospechaban de todo y que no encontraban palabras para hilar un relato de lo que habían vivido. Algunos veían la luz del sol por vez primera en semanas y trataban de comprender y asumir la realidad de lo ocurrido delante de su casa.
Los crímenes de guerra
La matanza de medio millar de civiles, las torturas, los secuestros y las violaciones en Bucha representan hoy solo una pequeña muestra de los posibles crímenes de guerra cometidos durante la invasión rusa de Ucrania. En total, esos crímenes han dado lugar a más de 200.000 investigaciones, según datos de la fiscalía general. Una cantidad ingente de casos que, según se está alertando, el país no tiene capacidad humana ni material para afrontar, especialmente mientras el conflicto se mantiene. A su vez, el Tribunal Penal Internacional (TPI), con sede en La Haya, busca al presidente ruso, Vladímir…



