En la última Conferencia de las Partes, la COP30, celebrada en Belém (Brasil) el pasado noviembre, el histórico Acuerdo de París cumplía 10 años. Conviene recordar que en aquel 2015 las emisiones de CO2 eran entre un 15% y un 20% mayores que las de hoy (PNUMA, 2023). Desde entonces, los costes de la transición energética se han reducido considerablemente: la energía solar en un 80%, la eólica en un 60% y las baterías en un 90% desde 2010 (AIE, Net Zero Roadmap 2023 Update). Por su parte, las inversiones en energía limpia alcanzaron los 1,7 billones de dólares en 2023, casi el doble que en los combustibles fósiles (AIE, World Energy Investment 2023). En Europa, la energía limpia ya representa más del 50% de la generación de electricidad, mientras que la demanda de gas ha caído más del 20% desde 2021 (AIE, Gas Market Report 2024).
Si hablamos de oportunidades, en el empleo, por ejemplo, hay que destacar que los sectores de la energía limpia emplean a 35 millones de personas en todo el mundo, más que los combustibles fósiles (IRENA, World Energy Employment 2023). Y que en este mismo año, la Corte Internacional de Justicia estableció una referencia jurídica: los países deben prevenir daños significativos al clima y al medio ambiente, y mantener el aumento de la temperatura muy por debajo de 2 °C, idealmente 1,5 °C. Si en 2015 el mundo se encaminaba hacia un calentamiento de entre 3,5 y 4 °C, hoy, con las políticas y compromisos actuales, nos acercamos a 2,4 y 2,7 °C (PNU-MA, Climate Action Tracker). Lejos del límite de 1,5 ºC, pero muy por debajo de donde estábamos hace 10 años. El Acuerdo, por lo tanto, funciona y el mundo se aleja de los combustibles fósiles gracias a él, aunque no a…
